parricidio en vistabella > muerte de dos niños en santa cruz de tenerife (diciembre de 2011)

El informe psicológico confirma que Tindaya se resistió a morir

PARRICIDIO VISTABELLA
Efectivos del Cuerpo Nacional de Policía, enfrente a la vivienda donde se produjeron los hechos. / SERGIO MÉNDEZ

TINERFE FUMERO | Santa Cruz de Tenerife

El informe psicológico-forense realizado a los dos imputados por la muerte de sus propios hijos acaecida en Vistabella a finales del año pasado confirma que la niña (Tindaya, 11 años) se resistió a morir, tal y como desvelan los testimonios de su madre (Sonia P. B., 40 años), que reconoce que la pequeña se encontraba despierta aquel día. Además, también confiesa cómo rindió la resistencia de la niña que, como en el caso de Joseba (5 años), fallecieron asfixiados.

Dicho informe, elaborado por dos especialistas del Instituto de Medicina Legal de Santa Cruz de Tenerife para el Juzgado de Instrucción número 1 de la capital tinerfeña y adelantado ayer por DIARIO DE AVISOS, descarta que Sonia y su pareja, conocido como Ponce el Curandero (54), sufran trastorno mental o patología grave alguna.

Sobre las circunstancias que rodearon a la muerte de los niños, cabe recordar que ya este periódico detalló el pasado mes de abril que se habían encontrado restos orgánicos en dos de las uñas de la niña, por lo que se sigue a la espera de los análisis que confirmen -por coincidencia del ADN- que son de la madre.

El dato no es nada baladí ya que tales circunstancias determinan la concurrencia o no de las circunstancias cualificantes que determinarán si, como todo parece indicar, se trata de dos asesinatos o, por contra, de dos homicidios. También es relevante el grado de participación en la acción criminal. A pesar de que tanto la Fiscalía como la acusación particular ya mostraron en lo que va de instrucción su predisposición a responsabilizar a ambos como autores materiales de las muertes, en el informe psicológico se detallan las coincidencias de ambos relatos con el primero ofrecido por la pareja: lo planearon juntos, Sonia los mató y Ponce juega un papel predominante en la pareja.

En consecuencia, ella está imputada por autora de dos asesinatos y él como inductor y cooperador necesario de los mismos.

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EDITORIAL

Solo los hechos relevantes

Es algo más que una cuestión de estilo o de línea editorial; es parte consustancial de la estrecha relación entre el Decano de la prensa canaria y sus lectores. Tras obtener en exclusiva acceso al contenido del tan extenso como sólidamente fundamentado informe de los psicólogos forenses a los imputados por el doble parricidio (para mayor exactitud, filicidio), DIARIO DE AVISOS omite de forma deliberada informar sobre detalles tales como lo que la madre habló con su hija antes de acabar con su vida y similares. Nuestro sagrado compromiso con los lectores a la hora de ofrecerles una información veraz se traduce en publicar los hechos de mayor o menor trascendencia, pero no aspectos sórdidos que añadan aún más dolor a las víctimas. Quien busque seriedad y rigor, éste es su periódico; el mismo que reniega del morbo y los intereses espurios.

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Cinco días de burdos intentos de suicidio

Tal y como han recabado los psicólogos-forenses en el exhaustivo y detallado informe realizado a Sonia y Ponce el Curandero, que han confesado ser los responsables de la muerte de los pequeños Tindaya (hijo de ella en una relación anterior) y Joseba (fruto de la pareja), fue la madre quien acabó con la vida de los pequeños el viernes 9 del pasado diciembre. Desde esa fecha hasta el martes 13, cuando al fin se descubren los cadáveres de los niños, el infierno en que se había convertido la vivienda de la calle Primero Armenia fue escenario de los fracasados y en alguna ocasión hasta burdos intentos de acabar con su propia vida, tal y como en principio tenían pensado realizar.

Tan absurdo plan se recoge en una carta escrita por Ponce dos semanas antes del crimen, como él mismo ha confirmado. Desde la ingesta de pastillas que apenas habrían provocado algún trastorno digestivo hasta alguna chapuza con bombona de butano de por medio, sólo Sonia pone afán -según su relato y las evidencias halladas- en terminar con su vida, a pesar de la torpeza que preside sus actos. Por contra, Ponce sólo lo intenta realmente cuando se ve acorralado por la familia y la policía, pero lo único que logra es caerse al patio interior.