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Irma Cervino: “Me encanta mirar y escuchar a la gente”

Irma Cervino luce un modelo de la marca Morena Mía de Tenerife Moda, y la encargada de poner más luz en su rostro es Laura López (Make Up, lauralohdz@gmail.com). El maquillaje es natural, marcando el rasgo de los grandes ojos de la modelo, con líneas suaves de color violeta, acorde con los tonos pastel del traje. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO: FRAN PALLERO


POR INMA MARTOS

Si se cruza algún día con los grandes ojos azules que están a su izquierda, no dude en que ella observará y encontrará algo interesante que contar de usted. Para Irma Cervino, periodista con una larga trayectoria profesional, cada persona tiene algo que decir y merece ser escuchada, aunque no pronuncie palabra alguna. Su aspecto sobrio esconde un particular sentido del humor que plasma en sus textos siempre que la situación se presta a ello. Ahora que su trabajo en el gabinete de comunicación del Cabildo de Tenerife no le permite desarrollar su lado creativo tanto como le gustaría, se ha lanzado a un nuevo proyecto: el blog al que ha llamado Dando una vuelta (con la entrada irmacervino.blogspot.com), en el que cuenta historias cotidianas de gente común. Antes de establecerse en la cara b del periodismo con su actual empleo, fue reportera y redactora jefa en el entonces recién creado diario La Opinión de Tenerife, en el año 1999, donde aterrizó tras varios años entonando su voz radiofónica en las ondas. Es una mujer paciente, ordenada y soñadora, aunque dice tener los pies en la tierra.

-Recorriendo su trayectoria profesional y, sobre todo, sus últimos acercamientos a las redes sociales y como bloguera, se puede comprobar que es usted una mujer observadora de la vida. ¿Qué es lo que inspira sus historias?

“La gente. Me encanta mirar y escuchar a la gente. En cada persona encuentro un mundo, con sus virtudes, sus manías, sus bondades y sus maldades. Todos somos diferentes y en cada uno de nosotros hay muchas historias que nos separan pero que, también, nos unen. Me baso en la realidad y, luego, juego con la imaginación”.

-¿En qué tipo de persona encuentra usted detalles interesantes en los que le gusta indagar e incluso imaginar?

“Me fijo sobre todo en las personas sencillas, en las que viven con naturalidad su vida, en las que piensan que no tienen interés porque creen no haber hecho nada importante. Siempre encuentro algo cautivador en la gente mayor, en la que vive en la calle (porque no tienen nada o porque lo tienen todo), en los solitarios y en los que necesitan hablar. Me parecen muy interesantes los taxistas: hasta que no le das los buenos días y le dices a dónde quieres ir, no sabes realmente con qué persona te has quedado encerrada dentro de un coche”.

-Su aspecto sobrio esconde un gran sentido del humor. ¿Cree que es necesario para abordar ciertas situaciones?

“Doy imagen de persona seria y, en cierto modo, lo soy pero me gusta sacarle chispa a las cosas. Pienso que el sentido del humor es el motor que nos ayuda a seguir adelante y a encontrarle otro color a la vida que no sea solo el blanco o el negro. A veces cuesta pero, cuando lo consigues, siempre ganas la partida. En este mundo -el del periodismo- hay que tener mucho sentido del humor pero hay que manejarlo siempre con mucho cuidado porque un paso en falso te puede hacer caer”.

-En su etapa como redactora tuvo que cubrir los días posteriores de dos acontecimientos muy importantes y muy desgraciados: las inundaciones de Venezuela de 1999 y los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York. ¿Cómo fueron estas experiencias?

“Tristes pero muy enriquecedoras. Para cubrir la información de las inundaciones de Caracas, viajé el día después de Navidad, tras las lluvias que afectaron al estado Vargas. Al llegar, me encontré con un lugar totalmente anegado por el agua, donde habían muerto más de 10.000 personas. Allí contacté con canarios que me contaron su tragedia y tuve la oportunidad de acercarme a la zona más castigada. Todo el mundo quería contar su historia, desahogarse. En el caso de Nueva York, también fue una experiencia muy triste. En Manhattan me encontré con gente llena de rabia y tristeza pero, sobre todo, con un país que se había unido para salir adelante. No he olvidado la mirada ni las palabras de cada una de las personas con las que pude hablar”.

-Conoce casi por igual ambas caras de la comunicación: la que está más cerca de la sociedad en general y la que hoy es su trabajo, en instituciones. ¿Con cuál de ellas se identifica más?

“Yo siempre digo que me gusta más el trabajo a pie de calle, estar cerca de la noticia, con la gente, contar lo que pasa en cada momento. Ahora estoy en otro ámbito de la comunicación, igual de interesante, y lo hago con las mismas ganas y la misma ilusión porque estoy aprendiendo mucho. Lo bueno de esta profesión -si realmente te gusta- es que siempre estás aprendiendo. Siempre”.

-En un tanto por ciento superior, son hombres quienes han estado cerca de los mandatarios para asesorarles en sus decisiones. ¿Qué opina sobre esto?

“Antes era así y, en la mayoría de los casos, todavía sigue siendo pero, poco a poco, vamos rompiendo ese lastre. Casi siempre, los obstáculos son mayores para las mujeres pero hay que seguir trabajando y demostrando que, con el mismo esfuerzo y la misma profesionalidad, en el mundo de la comunicación podemos desempeñar las mismas funciones. No es cuestión de capacidad, sino de mentalidad. Ahí está el problema”.

-¿Qué puede aportar una mujer al mundo del periodismo y la comunicación?

“Yo no creo que la diferencia esté en el sexo sino en la propia persona. En el mundo de la comunicación, hombres y mujeres aportan la misma profesionalidad. La diferencia, lo nuevo, lo distinto, lo aporta la forma de ser de cada persona”.

-¿Cree, con sinceridad, que se ha logrado avanzar hacia la igualdad de género?

“Si miramos atrás, por supuesto que sí. Hemos avanzado y, aunque ha sido lento, creo que han sido pasos firmes y seguros. Pero hay que seguir”.

-¿A dónde nos llevará esta crisis económica? ¿Qué nos dejará de bueno o de malo esta situación?

“Si algo bueno hay que encontrarle a esta crisis es que nos enseñará a ser fuertes ante situaciones duras y complicadas de la vida. No se cómo, cuándo acabará ni a dónde llegaremos, pero lo que sí creo es que ya nada será como antes, al menos durante mucho tiempo. La crisis económica ha cambiado nuestra percepción de las cosas. Hasta ahora, quienes teníamos un trabajo pensábamos que la vida era más o menos fácil y segura; que si ahora estábamos bien, no tendríamos problemas en el futuro. Pero ya no es así. La crisis nos ha enseñado a vivir día a día”.