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Maniobras de distracción – Por Francisco Pomares

La delegada del Gobierno en Canarias, María del Carmen Hernández Bento, se ha descolgado con unas chiripitifláuticas declaraciones cuestionando el impacto real en las tarifas aéreas de la subvención al transporte de residentes. Según nos dice, la subvención no repercute en el precio, y el ciudadano de las islas no ha notado la reducción del cincuenta por ciento, porque las compañías han aprovechado la subvención para subir tarifas y mejorar sus beneficios. Puede que eso sea en parte cierto: las empresas tienen el feo defecto de querer ganar dinero con todo. Es curioso que en el PP descubran ahora como funciona el capitalismo. Pero los vicios de las empresas de transporte no se resuelven reduciendo la subvención. Como tampoco se resuelve el que algunas compañías hayan estafado a la Administración haciendo trampas en la liquidación de las subvenciones por unos cuantos millones de euros. Ese es un problema de golfería que tendrán que resolver los tribunales. Mientras lo resuelven (y a lo que se ve va para largo), afirmar que la subvención no la nota el residente es un dislate. Ejemplo práctico nº 1: algunos residentes se olvidaron de llevar el certificado el primar día de septiembre, cuando entro en vigor la normativa medieval que nos devuelve a la época del certificado con cuño y compulsa, y tuvieron que comprar billetes por el doble de lo que suelen pagar para poder volar. Esos residentes -fueron unos cuantos- notaron claramente la diferencia entre pagar noventa euros y pagar 180. Como la nota cualquier no residente que compra un billete de avión o barco en las islas, en la misma cola que la compra uno de aquí. Lo que pretende Hernández Bento con el argumento de marras es confundir el debate, abriendo un nuevo turno para que no se hable de cómo quedará este asunto en los Presupuestos (en los de ahora o en los próximos). Lo que se pretende es entretener al personal discutiendo la incorporación de nuevas y de momento desconocidas fórmulas que permitan intervenir en las tarifas finales de avión y barco, para que bajen, y el Estado se ahorre unos cuartos. Yo ya me conozco esa jugada: supongamos (ejemplo práctico nº 2) que las compañías, se ven forzadas por los motivos que sean a aceptar un precio político. Algo parecido fue lo que hicieron las eléctricas hace ya algunos años. Y aquí estamos hoy, pagando los consumidores el déficit tarifario en el recibo de la luz. Al grano: si no se puede mantener el descuento por residencia, que nos lo digan. Con claridad. A fin de cuentas, no será lo peor que vayamos a perder en esta crisis. Pero que no nos engañen más. Que no nos vengan ahora con milongas tarifarias y con milagrosas fórmulas de Fierabrás para reducir el coste de los billetes. Porque eso son sólo maniobras de distracción.