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Mucho se habla (y a menudo con razón) de la funesta herencia económica de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero, pero el Partido Popular se acerca a sus primeros diez meses en el poder y ya comienza a amasar su propia herencia. Por lo demás, suele pasar con las herencias que se mira obsesivamente la ajena y muy poco la propia. El análisis de la consultoría independiente Oliver Wyman establece que la banca española necesita para sanearse cerca de 54.000 millones de euros y casi la mitad de esa cifra corresponde a Bankia y en la gestión de Bankia -como en la de Caja Madrid- la responsabilidad política del PP no es relevante, sino determinante, como ocurrió en la Caja de Ahorros del Mediterráneo o en NovaGalicia.

Bankia es uno de los más sórdidos y pestilentes escándalos de la política española en los últimos treinta años, una señal inequívoca no únicamente de una pésima gestión financiera, sino de la putrefacción de un cangrenado sistema democrático gracias a la alianza entre élites políticas y empresariales. La pésima gestión y el fraude contable -en fin- eran casi condición sine qua non para la prosperidad de unos y otros: las cajas de ahorro, a partir de los años ochenta, funcionaron como un nodo financiero entre los intereses de los partidos políticos mayoritarios (en España y en cada comunidad autonómica) y los poderes empresariales. Ahora toca socializar la factura de estas fabulosas cuchipandas a través de un crédito al Reino de España cuyo memorando -con condiciones grabadas a fuego- aun no se ha firmado, siguiendo los ritmos gasterópodos que caracterizan a Mariano Rajoy. Veinticuatro horas antes Alicia, el Sombrerero Loco y la Liebre saltarina presentaron el anteproyecto de presupuestos generales del Estado para 2013. Alicia y el Sombrero Loco se reían mucho; la Liebre, que es más seria, pensaba ya en su próximo viaje. El Sombrero Loco pronosticó para el próximo año una recesión “suave” y un “suave” crecimiento del desempleo: más que una previsión económica parecía una letra de Elvis Crespo. Hicieron pasar por unos presupuestos generales lo que solo es la resignada confirmación de una catástrofe generacional y después se marcharon a celebrar su no-cumpleaños.
@AlfonsoGonzlezJ