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Monturrio Libre > Alfonso González Jerez

Antes de finalizar el año – la fecha, por razones obvias, se mantendrá el secreto hasta el final – los ciudadanos del Monturrio, patria común e indivisible enclavada en el conocido como municipio de Santa Cruz de Tenerife, saldremos a la calle para proclamar bien alto nuestra voluntad de plena independencia política. La manifestación del Monturrio será, no lo dudamos, el paso definitivo para abrir felizmente una transición veloz e imprescindible hacia la declaración de independencia, y tanto peor si Santa Cruz de Tenerife, y sus crasos intereses económicos y comerciales, no entienden o no quieren entender esta pujante realidad, la arrasadora y digna expresión de un pueblo que quiere tomar de una vez los mandos de su destino. El Monturrio lleva siglos soportando sacrificadamente la férula impuesta desde el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife y hemos decidido romper las herrumbradas cadenas que nos atan a una decadencia urbana cuyo síntoma más evidente es esa terraza de verano abierta en un solar destartalado, en cuyos aledaños muchos roedores se han suicidado tras noches enteras escuchando una torturante selección musical. Hemos mostrado una infinita paciencia, pero se acabó. Nos vamos. El Monturrio se va, señores de Santa Cruz. Ni cooperación, ni sumisión, ni municipalismo ni leches. Ya hemos soportado bastante. La secular identidad cultural de El Monturrio es incuestionable. Tenemos nuestra propia historia, nuestra propia tradición y nuestra propia lengua, cuya gramática el Comité de Liberación Nacional del Monturrio ha encargado a tres filólogos en paro: los tres, obviamente, monturrianos. Y disponemos, por supuesto, de nuestros héroes, entre los cuales funge Onofre El Peludo, que a principios del siglo XX se negó a pagar la contribución municipal argumentando que aunque vivía en una casita junto al barranco, él no era de Santa Cruz. La detención por los infames guindillas de este insigne hijo del Monturrio, bajo el pretexto de una alcoholemia aguda y de la supuesta práctica nocturna del robo de gallinas, es uno de los episodios más oprobiosos que registran los anales de nuestra nación sometida a un poder tan arbitrario como brutal.

La incesante propaganda santacrucera no nos asusta. Ya nadie en El Monturrio se cree esa vieja añagaza: si se independizan ustedes están condenados a morirse de hambre. Es exactamente al contrario. Nuestras riquezas son inmensas, casi incalculables. Solo con la tienda de motos, la arepera, el kiosco de Marín y los cuatro chinos abiertos en nuestro territorio nacional nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos ya podríamos vivir desahogadamente. La aguda crisis económica que padecemos es únicamente el fruto amargo del expolio fiscal: vivimos así para que en Residencial Anaga tengan parterres y jardines cuidaditos. Ya ha llegado la hora de la futura República del Monturrio uno, grande y libre.

@AlfonsoGonzlezJ