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Otra vez > Jorge Bethencourt

Cientos de miles de personas han lanzado un grito de independencia en Cataluña. Y el presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha dicho que las puertas de la libertad están abiertas. Ortega decía que “el asunto” de Cataluña no tenía solución, que solo cabía “conllevarlo”. O lo que es lo mismo, coexistir con él como parte de una España invertebrada.

Tengo un problema muy serio con esto de la independencia. Creo en la libertad. Y en el derecho a la libertad de las personas y de los pueblos. Pero los catalanes son libres, aunque algunos, además, quieran crear un estado independiente. Las dos cosas no son lo mismo. Los estados modernos se han construido sobre sangrientas guerras, enfrentamientos civiles y una casi interminable lista de enfrentamientos que han creado y borrado naciones y fronteras. Y se han mantenido con enormes dosis de apología del patriotismo y la coacción saludable de unos formidables ejércitos. En primera instancia un pueblo que quiere ser independiente tiene derecho a serlo. Pero como los estados son complicados artefactos, la teoría tiene serios problemas al trasladarse a la realidad. Porque no todos los catalanes quieren lo mismo y porque España no lo permitirá, de la misma forma que Cataluña no permitiría la independencia de Sabadell.

El esfuerzo de la Constitución de 1978 para crear un sistema de autonomías no ha puesto fin a las ambiciones de soberanía de Cataluña o País Vasco. Porque las naciones son asuntos sentimentales y tienen más que ver con el huevo que con el fuero. La ambición independentista de los los políticos catalanes es mucho más vieja que anteayer. No hay cesiones bastantes para saciar la sed a quien no quiere beber más agua, sino tener la botella.

Mientras la extrema izquierda roba en los supermercados, la dirigencia catalana asalta el modelo de Estado. Esto es lo que fuimos. Esto es lo que somos. Un gobierno debilitado por la crisis económica, una sociedad desarbolada por la recesión y castigada con mayores esfuerzos fiscales. El escenario perfecto para liarla de nuevo, que es la especialidad de la casa.

Los partidos catalanes, salvo el PP, han lanzado un órdago muy peligroso. Creo firmemente en el derecho de autodeterminación de los pueblos. Creo,con igual firmeza, que el concepto nacional es un atavismo del siglo anterior al siglo pasado, un ideal romántico y perfectamente inútil. Y creo, por último, que viajamos hacia unos estados unidos de Europa que hará más fuertes a los gobiernos locales y más remoto el poder de un gran estado central… Así que ¿para que liarla otra vez?

@JLBethencourt