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No ganamos para sobresaltos. Victimismos y confrontaciones aparte, Dios no ha llamado a algunos responsables del PP por el camino de la prudencia y la sensibilidad. ¿Qué necesidad tenía ese partido de llevar al Senado, y aprobar con los solos votos de su grupo, una moción para, al amparo de una mejora de la conectividad en el transporte aéreo entre las islas y de éstas con el exterior, poner en solfa el descuento para residentes? ¿A qué viene, en momentos tan delicados, esa alusión estúpida de declarar que la subvención para residentes no peninsulares (de Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla) habrá de ajustarse “a las disponibilidades presupuestarias”? ¿De verdad es imprescindible sembrar dudas sobre las subvenciones cuando, según me confesaba ayer mismo un portavoz de La Moncloa, “el Gobierno no tiene ninguna intención de rebajar, y mucho menos suprimir, las bonificaciones”? ¿No basta el revuelo que destapó la exigencia, vía papel -en tiempos de predominio telemáticos y digitales-, del discriminador certificado de residencia a fin de acabar con el fraude indeseable que se produce al amparo de un DNI manipulado a la hora de reflejar el verdadero domicilio? Para mayor escarnio, hasta la ministra de Fomento ha aventado las sospechas sobre quienes en las Islas utilizan mucho el avión y se ha escandalizado, por desconocimiento de la realidad isleña -según la cual nuestras comunicaciones aéreas pueden asimilarse a las de autopistas y ferrocarriles peninsulares-, al revelar que su departamento tiene fichados a 1.809 canarios que volaron 30 veces o más durante un año. El PP no lo puede hacer peor en materia de comunicación y explicación. Sus excesos, o sus defectos, según se mire, dan pie a responsables gubernamentales canarios para, en vez de denunciar las meteduras de pata de los populares y tratar de arreglar las cosas, rasgarse las vestiduras, ahondar en los desencuentros e incluso amenazar con la desafección y los males del averno. Menos mal que las mociones no tienen fuerza de ley, no obligan al Gobierno, ni marcan la política oficial. Esto deberían saberlo los criticones de turno. En cuanto a los populares, su actitud con Canarias es desastrosa, sobre todo porque siguen cometiendo errores de apreciación cada vez más graves y que, por soberbia o incompetencia, nunca rectifican.