LA ÚLTIMA (COLUMNA) >

Referéndum > Jorge Bethencourt

Los representantes políticos que tienen la mayoría en el Parlament de Catalunya han puesto sobre la mesa la idea de que el resto de España -bueno, España para ellos- tiene miedo a la convocatoria de una consulta popular en la que se pregunte a los ciudadanos catalanes si quieren ser o no un nuevo Estado independiente. Eso de la prueba del algodón de la consulta popular es una idea magnífica. Incluso alguien podría proponer un referéndum entre todos los ciudadanos de actual Estado, incluyendo a los de Cataluña, preguntándoles si están a favor de que desaparezca la actual clase política española. Porque, casi con absoluta seguridad el resultado sería masivamente favorable a la eliminación, exterminación y fumigación de esa caterva de incompetentes entre las que se pierden las honrosas excepciones. Claro que los políticos nunca harán ese referéndum. Como el Estado español jamás se autodestruirá tolerando o permitiendo la segregación de una de sus partes. Y ello, porque los sistemas tienden a su preservación y suelen resistirse a tomar decisiones que comprometan su supervivencia. Los políticos españoles dirán, con razón, que han sido elegidos por un sistema democrático y que no cabe plantear su legitimidad. Lo mismo que dirá España, alegando que la Constitución del 78 fue votada por todos los españoles, incluyendo a los catalanes. Lo más importante, sin embargo, es que a esta generación se le ha pasado el arroz de la memoria. Las voces que hoy discuten, se indignan, se arrojan datos del expolio fiscal que sufre Cataluña por un lado y los resultados de la balanza comercial entre Cataluña y el resto de España (que son favorables a los catalanes) entre otras estupideces similares, olvidan que sólo han pasado menos de cuarenta años desde que salimos de una dictadura que nació del enfrentamiento entre dos Españas, del golpe de Estado perpetrado contra un gobierno debilitado y en crisis y, ah, no lo olvidemos, a la sombra de la defensa de la unidad de España amenazada, entre otros movimientos sísmicos, por la declaración de independencia de Cataluña. Yo prefiero ver al rey cazando elefantes que saliendo por televisión con el uniforme de capitán general del ejército. Tómenlo como una manía. Los hechos nacionales son asuntos sentimentales de un siglo sangriento y romántico que no es éste. Hoy lo que cuentan son las haciendas, las primas de riesgo y las deudas soberanas. Cataluña, que es rica, quiere soltar el lastre de los pobres. De eso va todo. De lo de siempre. No es nacionalismo, es egoísmo. Es el Norte rico que está harto del Sur que llora mientras canta y cobra el paro.

@JLBethencourt