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Acuarelas de Carlos Gibrán en el Círculo> Por Joaquín Castro

Desde el pasado 26 de octubre se puede visitar en el Círculo de Amistad XII de Enero la exposición del pintor Carlos Gibrán, un extenso recorrido por los paisajes de las Islas realizados con un aire muy personal, al que nos tiene acostumbrados.

En la visita por la muestra nos vemos inmersos en panorámicas, montes, veredas, costas canarias, barcos históricos, como El Correíllo La Palma. Camina Carlos por todas las Islas tierra adentro, y cuando ve algo que le atrae, se instala en el lugar y a partir de ese momento su preocupación es la luz y el color. Objetivo principal es trasladarlo al soporte, pero a su manera, evitando lo fácil. No le preocupan los reflejos del agua ni cielos espectaculares, lo que le interesa es la gradación de los planos, la creación de espacios, la atmósfera, la profundidad, los distintos tonos cromáticos impuestos por la distancia, la composición, siempre cuidada. Ejemplo de ello lo vemos en las acuarelas que dedica a La Caldera de Taburiente, a los barrancos palmeros, a las barcas en reposo, donde el agua y las grandes rocas volcánicas adquieren protagonismo.

De todas estas premisas, el resultado de Carlos Gibrán es el obtener una pintura jugosa, como lo hace en los trabajos que dedica a los montes canarios con sus pinos elegantes, a las dársenas pesqueras. Acuarelas ricas, de amplia paleta, en las que aplica una pincelación que a veces es enérgica, de trazos largos, pero nunca cae en detalles innecesarios. El paisaje en su estado puro, bien entendido. Conocemos desde hace tiempo y seguimos la trayectoria ejemplar de este artista que sabe conferir a cada uno de sus cuadros una rigurosa y poética autenticidad, siguiendo en un momento óptimo de su pintura.

Pintura atrayente, bien realizada, adscrita a un figurativismo suave, muy bien resuelto.

Carlos Gibrán, aunque su nombre auténtico es Carlos Concepción, es hijo de Francisco Concepción, el pintor de La Caldera, fallecido el 15 de julio de 2006, a quien tanto admiramos y conocimos su obra en las distintas salas de arte de nuestra capital.

La preparación técnica de este pintor la obtuvo en Madrid durante cinco años en la Academia de Maestro Pedro, y por supuesto, en las lecciones magistrales recibidas de su padre. Como lo vemos en esta exposición, sabe acomodar sus recursos plásticos al tema elegido, con espontaneidad, garbo y gallardía. La variedad de la que puede hacer gala, sin menoscabo de su personalidad, se pone especialmente de manifiesto en los grandes paisajes de La Palma y Tenerife, que en su sencillez interpretativa constituye un logro completo. El tema elegido para pintar es el sujeto a partir del cual, con toda libertad formal y cromática, se desarrolla el eterno combate entre las líneas y los colores. Generalmente estos últimos ganan la partida porque son tónicos, luminosos y su generosidad vence.

Sus acuarelas son visiones radiantes de la naturaleza captadas por su retina agudísima y transmitidas por un pincel suelto y vigoroso. En sus tierras canarias ha sabido encontrar la belleza de los campos, barrancos y mares, por eso en sus cuadros se alían grandeza y nervio, elegancia y gracia, línea certera y colorido brillante. Una interesante muestra de la pintura de Carlos Gibrán.