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Año 2030 – Por María Vacas Sentís

Año 2030 en España. La basura domiciliaria espesa las calles de unas ciudades donde las ratas han creado su imperio. Hace años que el gobierno permite la recogida con periodicidad mensual de los residuos urbanos para aliviar la carga de los asfixiados ayuntamientos. Sólo en los barrios ricos se mantiene el servicio a diario; sólo para hogares que pueden sufragar 350 euros semanales.

Año 2030. Escuelas segregadas para ricos y para pobres, para niños y niñas, para legales e ilegales, para listos y para tontos, imparten contenidos minimizados acordes con la situación socioeconómica. Las becas y ayudas se han suprimido porque desestabilizan la partida 12558-D, que según los expertos, sólo puede suponer el 0,000000004 % del PIB. En los comedores escolares públicos semivacíos algunos niños abren sus fiambreras traídas de casa, mientras otros les miran comer.

Año 2030 en España. Cada paciente aporta en el momento de su ingreso en los hospitales de gestión privada un juego de sábanas junto con 400 euros. Las listas de espera y los desesperados se amontonan inseparables en pasillos y antesalas. Las mujeres sin recursos se desangran al abortar ilegalmente en sus casas. Y a las puertas de los ambulatorios inmigrantes sin papeles mendigan medicinas y atención humanitaria. Algunos sin piernas o brazos demandan prótesis y sillas de ruedas posados sobre artefactos caseros hechos de tablas con ruedas, como los de antaño. Aun abonando la póliza sanitaria de Ana Mato no tienen derecho a soñar con caminar.

Año 2030. El Partido Popular ha vuelto a ganar las elecciones con mayoría absoluta. Han ejercido tan protocolario derecho diez de los censados, seis han votado al PP. La comisión electoral valida la legalidad de los procedimientos. La mayoría de la población permanece en casa y sigue los acontecimientos por televisión. Rajoy oculta la porra a la cámara mientras defiende el abstencionismo como idiosincrásico de ciudadanos trabajadores, poco amantes de algaradas callejeras. Sáenz de Santamaría anuncia nuevas medidas infernales, despidos masivos, sacrificios, zarpazos y modulaciones, fundamentales para crecer y generar empleo. La culpa de todo la tiene el maldito Zapatero, coinciden el presidente y su escudera.

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