a toda máquina>

Caja de juguetes para la política> Por Román Delgado

Esta caja repleta de juguetes para la diversión en la política, para la acción ociosa que es no resolver los problemas de la gente, es tonta, muy tonta, y además se las da de sabia. En el mundo de los cuerdos, que ya es bien difícil delimitar cuál es ese espacio, la caja tonta repleta de juguetes para la diversión de la política repugna. Mucho más con el fondo de escenario actual, que paso de describirlo porque a estas alturas debe estar bien nítido en la retina de cualquier alma decente. Por esta razón, que es tanto como decir que no estamos para bromas pesadas, el cruce de mensajes violentos de estos días ha sido un auténtico residuo, un objeto no apto para reutilizar: solo válido para hacer compost, si acaso. La no sé ya qué temporada de esta insufrible serie que la semana pasada estuvo todo el rato con el me dejas entrar, no me dejas entrar…, y si no me dejas entrar, niño malo, ¡ya verás tú…! (Recuerdo que ellos antes se habían despachado con un “pijo ácrata”, que eso hay que madurarlo).

Y así fue: salió en la prensa, en las radios, en las redes sociales y en todos los lugares en que se pudo colgar. Fue el arma-juguete que entonces se sacó de la caja para divertirse con la política, arma-juguete parecida a la utilizada más tarde por el que dio con la puerta en los mocos. Y así hasta la casi perfecta alusión de alguien más técnico, que no más literario, al cuento de Cenicienta, para decir algo así como: pero es que ella es la “madrastra de la Cenicienta”. Pobres niños, teniendo que ver a la delegada como madrastra, como bruja, como mala muy mala, si lo que ella siempre ha querido ser es hada. Su contraataque también está en la caja. Y llegará el ¡zaasss…!

@gromandelgadog