entre nosotros>

Camarada Santiago Carrillo> Por Juan Henríquez

Un personaje con tan dilatada historia humana y política, codeándose con los líderes de la política mundial, es hasta razonable que pueda ser tachado por algunos de controvertido y variable, y es posible que lo fuera. Pero llama poderosamente la atención cómo sus adversarios de la derecha no se cortan un pelo para acusarle, sin pruebas concluyentes, de las muertes de Paracuellos, y, sin embargo, no acusan a Franco de los crímenes de la guerra y durante los cuarenta años de dictadura, más bien lo justifican. Son las cosas de la necedad humana.

Pues un servidor, socialista y ciudadano universal, lo diré sin ambigüedades ni palabras fariseas: admiré al camarada Santiago Carrillo desde aquel día que le escuché en una charla en la Casa Sindical de Méndez Núñez, invitado por CC.OO. Incluso en algún que otro momento traté de encontrar las diferencias de ideas entrambos, ideológicas se entiende, y pueden creerme que no encontré ninguna de relevante importancia. Es más, siempre pensé que se trataba de un personaje fundamental en la historia de España: desde su actividad política en la II República, durante su exilio en tiempos del franquismo, pasando por el importante y decisivo momento de la transición, hasta su reciente muerte.

Memorable fue aquella instantánea del 23-F, que junto a Gutiérrez Mellado y Adolfo Suárez, permaneció sentado en el Congreso de los Diputados desobedeciendo la orden de Tejero de “todo el mundo al suelo”, a pesar de las metralletas que le apuntaban. Fue una muestra inequívoca de que Carrillo estaba con la libertad y la democracia.
Mal harían desde los partidos políticos de la izquierda, fundamentalmente desde el Partido Comunista (IU), dejarse arrebatar el legado político que para la clase trabajadora representa la figura y lucha de Santiago Carrillo; polémico, pero verdadero. Sería cómo escupir sobre sus cenizas, que es lo que intentará el fascismo español. ¡Camarada, cuenta conmigo!

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