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La ciencia es algo más que una probeta – Elena Fariña Vargas

Cuando leemos las palabras ciencia o tecnología dibujamos en nuestra mente un científico, entrado en años, con bata blanca y una probeta humeante en sus manos. Primer estereotipo. Pensamos que solo los elegidos pueden sumergirse en estas ramas del saber sin miedo a quedarse sin oxígeno y que la aventura de innovar está al alcance de unos pocos eruditos. Segundo estereotipo. Creemos que la ciencia se aleja de nuestra realidad más cercana. Tercer estereotipo.

No creo en ninguno de ellos. La experiencia me ha llevado a descubrir que fiarse de un estereotipo es sinónimo de error. Y así es en este caso. La ciencia no huye de nosotros. Somos nosotros quienes muchas veces desechamos la idea de sentarnos a tratar con ella de tú a tú. Si nadie se anima, lo haré yo. La ciencia y la tecnología son los motores de crecimiento de las sociedades actuales. Por ello, es necesario despertar desde edades tempranas interés en estos ámbitos. La razón, es simple: el conocimiento científico permitirá a los niños y adolescentes participar en la sociedad de forma activa, contribuir a su desarrollo intelectual y económico así como aumentar sus posibilidades de conseguir un buen empleo.

Ante los problemas, se deben buscar soluciones que parten del razonamiento, la toma de decisiones, la crítica y la confianza en nosotros mismos. La ciencia ayuda a ello; resuelve problemas y permite entender todo lo que sucede a nuestro alrededor. Se debe potenciar en los más pequeños las competencias en el ámbito científico-tecnológico, para promover su gusto por el desarrollo de la sociedad del conocimiento en la que estamos inmersos. Y esto no es un estereotipo; es una verdad inapelable.

La gran pregunta que se hacen los padres y docentes es ¿cómo acercar la ciencia y la tecnología a los niños? Quizá, la solución sea eliminar todos los estereotipos y mostrar una imagen objetiva de la ciencia. La realidad es que los niños son científicos innatos; cuestionan todo lo que sucede a su alrededor: ¿por qué estornudamos?, ¿por qué las personas tienen la piel de colores diferentes?, ¿por qué los barcos flotan y las piedras se hunden?, etc. Debemos aprovechar sus inquietudes para demostrarles que la ciencia tiene todas las respuestas.

Revelar la ciencia a los más jóvenes de una manera sencilla, atractiva y divertida. Ese es mi estereotipo.