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Cosas importantes – Por Jorge Bethencourt

Para demostrarnos que no todo está perdido en este valle de dolores de intrascendentes problemas como el paro, la pobreza y la crisis financiera, a veces surgen debates políticos de enorme calado. Ya lo anunciaba Paulino Rivero reivindicando la figura de San Francisco de Asís. Sólo aquellos que sienten amor por los pajaritos pueden ser sensibles a los problemas de sus semejantes. Y como para darle la razón al presidente, en La Laguna están discutiendo a cuenta del destino de los patos de la Catedral.

Los patos no son pajaritos exactamente, pero vienen a ser primos hermanos. Y su posible traslado de la plaza de la Catedral ha levantado una oleada de protesta en personas que, en su amor por los bichos, nos demuestran su enorme sensibilidad. Algunas declaraciones, incluso, aportan datos científicos que me parecen relevantes. Como las de Javier Abreu, que ha dicho que los patos, desde hace cien años, son una referencia para los niños de La Laguna. Puñetas. No sabía yo que los patos, como las tortugas, vivieran un siglo así como si nada. Deben ser patosaurios. He escudriñado en mi memoria para recordar los años de juventud por las calles de La Laguna. Y nada. Todo lo que recuerdo son conspiraciones políticas en cuchicheos, humo, música y copas. Pero los malditos patos no se me aparecen por ninguna parte. No es extraño que sea porque carezco de sensibilidad. O porque de noche todos los patos son pardos.

Pero es verdad que los patos estuvieron siempre allí, en ese estanque lleno de musgo verde. Y aunque los patos no sean mi referente, no discuto que sí lo sean para otras personas. Y que desalojen a los animalitos centenarios puede borrar un pequeño rincón de una ciudad que destaca precisamente por la belleza de sus pequeños rincones. Yo pensaba que el traslado de los patos se debía tal vez al intento de salvarles el cogote. Tal y como está la cosa de mal, dejar unos patos al alcance del personal me parece una osadía. Si la peña está reventando las estanterías de los supermercados en una isla con una cesta de la compra de las más caras de España, ponerles unos patos disponibles es una tentación peligrosa. Pero no. El asunto es que la modernidad se los quiere llevar por delante.

Malos tiempos para las alas. Caen compañías aéreas y peligra el futuro de los patos de La Laguna. Menos mal que en medio de rescates virtuales, huelgas generales y hundimientos económicos, hay gente ocupada en cosas realmente importantes. Me tranquiliza. Esto acabará poniéndole una subvención a los patos, como si lo Viera y Clavijo. Y Clavijo calladito, porque ese hombre es que no tiene sensibilidad. No dice ni pío. Digo ni cuá.

@JLBethencourt