Conjeturas - Juan Manuel Bethencourt

Entre científicos – Juan Manuel Bethencourt

Los científicos europeos están preocupados con el andar de los tiempos. Me lo dicen astrofísicos de muy diversa nacionalidad durante la cena con motivo de la reunión en La Laguna del comité científico del Instituto Astrofísico de Canarias.

El alegato de esa plácida velada en el Casino obtiene refrendo unas horas más tarde, mediante una carta suscrita por 42 Premios Nobel, todos ellos nacidos en el Viejo Continente, con una pregunta a modo de colofón: ¿cuál será el papel de la ciencia en el futuro de Europa? “La financiación de la investigación a nivel de la UE cataliza un mejor uso de los recursos disponibles y ayuda a que los presupuestos nacionales sean más eficientes y eficaces. Estos recursos de la UE son extremadamente valiosos pues han demostrado su capacidad de lograr beneficios esenciales para la ciencia europea, así como beneficios crecientes a la sociedad. Es fundamental que sigamos apoyando e inspirando la extraordinaria riqueza del potencial de investigación e innovación que existe en toda Europa”, sentencia el escrito.

No se trata de un alegato corporativista. Es preciso pensar sobre el potencial transformador de la investigación científica, su beneficio colectivo, desde lo más esencial para la supervivencia humana a los bienes de uso doméstico más extendidos. La ciencia en realidad se erige en hecho revolucionario para las sociedades, mucho más que una tarde ruidosa en las calles; lo que ocurre es que sus efectos son graduales, su aportación acumulativa, hasta cambiar la faz de un territorio y hacerlo para siempre.

En el diálogo con los científicos asociados al IAC se habla de todo, de cómo vive un investigador joven hoy, del impulso necesario para que los grandes proyectos no acaben en inercia y rutina, de los pros y contras para un centro puntero como el de Canarias, que tras décadas de éxito también está obligado a buscar su nueva frontera.

Hay algo que me llama la atención: es un diálogo entre científicos europeos que sostienen un proyecto europeo, acaso uno de los pocos escenarios en los que nuestro continente se esfuerza en ser fiel a su modelo, a un proyecto de convivencia, libertad e igualdad de oportunidades.

Europa encontró un motivo para trabajar unida, la búsqueda de la paz tras la carnicería en ración doble, y al mismo tiempo halló su alma en un modo de pensar la sociedad futura. Ahora le damos la espalda y hacen bien los científicos al recordarnos los riesgos de esta monstruosidad.

@JMBethencourt