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Escucho a José Carlos Francisco en una emisora radiofónica. Las voces nos traicionan, son como las sombras de lo que fuimos, y la voz de José Carlos Francisco, presidente de la CEOE tinerfeña, parece cargar con los veinte kilos que la voluntad expulsó hace varios años. Francisco ironiza con muchísimo cuidado sobre la supuesta generosidad del Gobierno español a la hora de ofrecer el Fondo de Liquidez Autonómico como herramienta de financiación. Se refiere a algunas palabras pronunciadas al respecto por José Manuel Soria, pero enseguida se ve en la obligación de apostillar: “Yo lo quiero mucho”. Vaya. No es que lo respete, lo aprecie o lo admire, es que lo quiere con cariño verdadero. Lo quiere mucho pero, sobre todo, le urge aclarar que lo quiere mucho. Son las cosas del querer. De repente imaginé a Francisco como una trinidad de Chunguitos, tres Chunguitos en uno y un solo querer verdadero, dando palmas y cantándole arrobado y con las gafas ahumadas por la pasión al ministro de Industria y Energía: “No siento en el mundo más / que tengas tan mal sonío / siendo de tan buen metal”.

Es lo que se pudo comprobar, asimismo, en una reciente reunión entre Soria y empresarios grancanarios. El ministro perpetró un discurso en el que aseveró que la economía española reunía condiciones para una salida de la crisis generando actividad y empleo. Como esto se está cayendo a pedazos lo esperable hubiera sido unos cortos aplausos de cortesía y numerosas toses bronquíticas, si no turbeculosas. Pero el señor Soria recibió una ovación más propia de Plácido Domingo al que siguieron comentarios encomiásticos y piropos salivantes que hubieran enrojecido a Sofía Vergara. Ni un reproche, por supuesto, sobre la insistencia de Soria en transformar la solicitud de adherirse al FLA por el Gobierno de Canarias en una prueba inequívoca de ineptitud política o, aun más allá, de anunciar la quiebra de la Comunidad autonómica en el plazo de diez días. Si un ministro canario desacredita a su país para torpedear un Gobierno, ensalzado sea. Observo las fotos de la reunión grancanaria y, en efecto, detecto media docena de millonarios que lo seguirían siendo aunque las islas se hundieran en el Atlántico. Los demás aplauden a Soria, como aquí a Paulino Rivero, como si sus vidas y haciendas dependieran de ellos. Y ya no, aunque no lo quieran entender. Ya se acabó. Están aplaudiendo a espectros en la mismísima puerta del Hades.

@AlfonsoGonzlezJ