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Fútbol y solárium – Por Román Delgado

Ocurrió ayer, y la lectura hilvanada que hago en este momento, sólo unas horas después y ya a la sombra, es que, a veces, quizás más veces de la cuenta, el fútbol se empeña en imitar muy poco al fútbol. Es, creo, ¡que yo no sé mucho de esto!, lo que pasó el mediodía de ayer en el recinto deportivo de la avenida de San Sebastián, en la capital chicha, al que casi 9.000 almas acudieron en busca de 90 minutos (casi siempre unos minutos más por decisión del que antes iba, y obligado, de negro) de fútbol en Segunda División B y enarbolando la bandera de los birrias. Como saben, que seguro que por algún lado lo han pillado o incluso alguien ya lo ha vomitado, el de este domingo fue el partido, de los que yo recuerdo, que menos ha durado: en unos 10 minutos, segundo más, segundo menos, el Tete acabó con ellos, con tres goles encadenados, y luego la moral de los rojiblancos letra B por los suelos… Desde ese momento, tras los 10 primeros minutos, todo consistió en pedir la hora, y para colmo luego dos horas y media en el aire hasta llegar a casa. Duro castigo. El fútbol instantáneo o súbito tiene estas cosas: si lo arreglas todo en un santiamén, sólo te queda pensar en regresar o bien tostarte al sol, que justo era lo que mejor se podía hacer ayer en el solárium del segundo anillo de la grada de San Sebastián. Así es el fútbol; así fue el fútbol de este domingo: una aparición fugaz y mortal de la pelota en portería ajena, la juvenil, y luego, luego…, a escapar como bien se podía o a empaparse de duro solajero: limpio, directo, esplendoroso… Y hasta ¡cabrón! Y es que 80 minutos de calor sin fútbol que ver, al menos sin ilusión ante tus ojos, es mucha energía en la chopa, minuto más, minuto menos, que ya se sabe que esto depende de decisión ajena, la del señor que antes siempre iba de negro. En el día de ayer, por la mañana y con el Sol haciendo de las suyas en la capital, el Tenerife hizo lo que nadie pidió: ganar el partido en menos de cinco minutos, con dos goles de toma tú, cojo yo y dentro, y dos cositas más desde el punto de penalti, la última, el 4-0, con un tal Santaelena pidiendo el final como un descosido. Y eso que el avión salía en hora. ¡Pobres chavales!

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