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Hartos – Por Jorge Bethencourt

-Esto no hay quien lo aguante, compadre. Estoy harto de que todo el mundo esté hablando a todas horas de la jodida crisis. ¿No te pasa igual?

-Pues sí, la verdad.

-Es que le dices buenos días al camarero y te contesta que ya no hay días buenos. Y el cliente de al lado le da la razón. Y te cuenta que en el trabajo lo han avisado de que van a recortar empleo y que probablemente sea el último mes en que va a tener curro.

-Pobre hombre.

-Y claro. Sales atufado. Y en la calle viene un nota y te dice que está en paro, que tiene tres hijos y que si le puedo dar algo para darles de comer. Pues haberte cerrado la bragueta, elemento. Yo primero tengo que pensar en darle de comer a mis pibes. Pero cuando llevas un rato caminando te reconcome la conciencia, porque piensas que un día el tipo ese podrías ser tú.

-Pues sí, la verdad.

-Eso es lo que acojona, compadre. Que de un día para otro te puedes quedar tirado en la cuneta. Hoy tienes la vida más o menos controlada, puedes pagar la hipoteca, los libros de los niños, la comida… Y de repente te llama el jefe y te dice que se acabó. Que te tiene que poner en la calle. Y ahí se va todo para el carajo.

-Sin duda.

-O sea, que pensamos que estamos escapando pero estamos colgados de un hilo. Tengo un matrimonio amigo, ella maestra y él camarero. Un mes lo despidieron a él y al mes siguiente perdió el trabajo ella. Y ahí lo tienes. De tener dos sueldos, vivir cómodamente y sin problemas, a estar en plena agonía porque no les llega. Tendrías que verles la cara.

-Me hago cargo.

-Porque, claro, con cuarenta o cincuenta años si pierdes el trabajo ¿a dónde vas a ir? A esa edad si te quedas sin trabajo ya no vas a volver a trabajar nunca, compadre. Y encima tienes que ver a los prejubilados, que esa es otra. Jubilados con cincuenta y pocos años de la banca, de las cajas, de la telefónica… ¡Coño! ¿Qué pasa? ¿Que la edad de jubilación oficial sólo se la aplican a los desgraciados? Yo te digo que lo de los peludos esos no me parece bien, eso de tirarle piedras a la pasma y todo eso, pero a veces me dan ganas de coger una escopeta y liarme a tiro con los jodidos políticos.

-Hombre, no.

-Ya te digo. Bueno… Que me tengo que ir. Un abrazo, compadre. Cuídate. Y ni hablar de la crisis esta del carajo, ¿eh? ¡Que ya está bien!

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