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José Ángel Martín > Leopoldo Fernández

No es santo de mi devoción, vaya por delante, pero me desagrada que se le ponga en la picota, como persona y como dirigente, en una suerte de matonismo político del peor estilo. Carga, es cierto, con la responsabilidad de haber iniciado una ofensiva tremenda, incluso judicial, contra Las Teresitas. Y contra el Plan General. Y contra Miguel Zerolo y otros dirigentes de CC. Y contra el parque marítimo y sus aprovechamientos. Y contra otras cosas más que está por ver si se confirman o, en otro caso, van a ser una losa para el desarrollo de la capital. Pero nada de ello le inhabilita para la asunción de nuevas obligaciones en el Ayuntamiento, tras la dimisión de Julio Pérez.

No tiene desde luego la cualificación, la experiencia y el prestigio social del hasta ahora primer teniente de alcalde, mas no por ello hay que incluirlo, como hacen algunos, en el catálogo de toletes, belillos o totufos a los que conviene desterrar de la vida política.

Del servicio público solo hay que apartar a los condenados por los tribunales, a los sinvergüenzas, a quienes carecen de honradez, ética y moral y a los que acuden a la política, más que para servir a los ciudadanos, con afán de provecho y beneficio propio.

Que yo sepa, Martín no debe ser incluido en esos supuestos, aunque su trayectoria hasta llegar a la corporación municipal fuera un tanto errática y radical. La gestión de sus responsabilidades -algunas provisionales, hasta tanto se asignen competencias concretas a los tres nuevos concejales socialistas- será la que dé la medida de las capacidades de este edil para el desempeño del cargo. Resulta chocante su designación como mano derecha del alcalde Bermúdez, pero este sabrá lo que hace, lo mismo que el PSOE, al amparo del pacto suscrito entre este partido y CC. También parecía extraño que en su día fuera designado para gestionar los asuntos de urbanismo cuando tanto combatió las actuaciones de la anterior corporación.

Pero ahí está, defendiendo un PGO con pocas variaciones -que se sepa- sobre el preparado en su día por el alcalde Zerolo y su equipo. Él sabrá por qué ha rectificado algunas apreciaciones de ayer, pero eso, lejos de constituir una deshonra, al menos a mis ojos lo engrandece porque quiere decirse que, pese a las presiones que recibe -me consta que son muchas, algunas muy duras-, Martín antepone la defensa del principio de legalidad y los intereses de la ciudad. Lo demás son agresiones gratuitas, boberías y ganas de incordiar. Y si algunos no aceptan que las cosas sean así, que dejen de incordiar y se vayan a sus casas con la matraquilla.