nombre y apellido - Luis Ortega

Justo Gallego – Luis Ortega

Pasamos de la vidente que saltó del folclore a las peligrosas calificaciones que el pueblo, iluso o dirigido, otorga a quien quiere a un caso de voluntad que, en el modesto entender del escribidor, tiene algo de prodigio.

Hace más de medio siglo, un sencillo campesino, de instrucción elemental, fue expulsado de un monasterio cisterciense por estar aquejado de tuberculosis, enfermedad maldita en la miseria de la posguerra y, según los conocimientos y prejuicios de la época, altamente contagiosa.

Desde entonces, Mejorada del Campo, una localidad cercana a Madrid, es escenario del empeño de Justo Gallego, que, en solitario y durante algunos veranos con ayudas ocasionales de vecinos y estudiantes, construye un templo monumental en honor a Dios y a su Santa Madre, “autores directos de su total sanación”.

La iglesia y el autor fueron protagonistas de un documental de un canal temático norteamericano que puso al pueblo en el mapa y resaltó el tesón y la fe de este hombre que, sobre un solar de su propiedad, de cuatro mil setecientos metros y a costa de vender tierras de su herencia familiar, erigió un inmueble singular (“la catedral del loco” la llaman) que tiene una altura de 35 metros, en la coronación de la cúpula, sesenta metros de largo, con una secuencia de torres de sesenta metros dedicadas a distintas advocaciones y materiales de construcción contemporáneos, en muchos casos regalados o reciclados con los que estructuró las capillas de un inmueble singular que, además de una amplia difusión mediática, fue la estrella de una campaña publicitaria de una bebida isotónica y de una exposición fotográfica en el MOMA de Nueva York.

Lo más notable de esta aventura es que su autor no tiene conocimientos arquitectónicos ni artísticos y que, hasta la fecha, la obra ha mostrado, además de su originalidad sin cuestión, una fortaleza y solidez sobre las que técnicos cualificados no se atreven a opinar.

Las únicas preocupaciones del ejemplar octogenario son terminar la fábrica en vida y que la Iglesia católica, de la que es ferviente practicante, la acepte en su patrimonio y le dé los usos piadosos para los que fue creada.

Hasta la fecha, no ha dejado de considerarla “una anécdota”, mientras se anunció y realizó a bombo y platillo, la construcción impulsada por Rouco Varela de un templo en el lugar donde se registraron unas discutidas apariciones marianas, sobre las que pesa -tras la muerte de la vidente- la acusación de fraude, después de la emisión de varios reportajes televisivos.