el dardo - Leopoldo Fernández

Lo que viene – Leopoldo Fernández

El mundo político está a la espera, a ver qué pasa. Tras las elecciones del domingo, se diría que algunos candidatos -los que se han llevado un varapalo, casos de Patxi Vázquez y Patxi López, ambos del PSOE, en Galicia y País Vasco y también de Basagoiti (PP) en la vieja Euskal Herría- deberían dimitir, pero aquí nadie asume responsabilidades, directas y menos aún indirectas, en este caso Rubalcaba, que sigue ahondando la crisis de su partido hasta límites impensables.

En plena recesión, con austeridades y ajustes a todo meter, resulta que los socialistas reciben en las urnas más castigo que nadie. Su oposición está siendo un desastre y se hace urgente una revisión a fondo de sus mensajes, sus políticas y su propia dirigencia. Porque es malo, muy malo, para el PSOE, pero también para España, que este partido, fundamental para la estabilidad democrática y la alternancia, prolongue hasta no se sabe cuándo ni cuánto -pendientes aún las elecciones en Cataluña, donde recibirá otro varapalo- una gravísima crisis de identidad.

Entre las varias lecturas de las elecciones, destaca el hastío de parte del electorado, como reflejan la abstención, del 35%, y la pérdida de votos de los dos grandes partidos: más de 350.000 el PSOE y 150.000 el PP-, lo que confirma la baja confianza en el sistema y en la clase política; el avance espectacular de los nacionalismos, sobre todo los más radicales, AGE (la alianza de Beiras, desgajado del BNG, con IU en Galicia, que se estrena con nueve diputados) y Bildu, que logra 21 escaños y se coinvierte en la segunda fuerza en Euskadi.

El PNV vuelve a gobernar tras el paréntesis de López, quien seguramente pasará a senador autonómico y perderá puntos como alter ego de Rubalcaba. Feijóo gana crédito entre los barones aspirantes a suceder en su día a Rajoy y éste salva los muebles en Galicia pero recibe un grave problema en el Norte, donde lo más probable es un Gobierno en minoría a cargo de Urkullu, con apoyo externo del PSOE o geometría variable como la aplicada en la etapa zapateril.

El nacionalismo vasco se reafirma a lo grande, con 38 de los 75 escaños del Parlamento (64%), y el PNV, con 27, logra tantos como las tres fuerzas constitucionalistas, PSOE, PP y UPyD. ETA no ha entrado esta vez en campaña, pero su hijuela, Bildu, ha colmado sus objetivos políticos sin que la organización terrorista disparara un solo tiro, sin disolverse, sin entregar las armas, sin pedir perdón y, desde la clandestinidad, atizando el conflicto todo lo que puede. Y lo que está por venir en Cataluña tampoco invita al optimismo.