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“Mi mayor riqueza es contratar solo a personas discapacitadas”

Merkastock
Aurora (a la derecha), con Isabel, una de sus seis empleadas, en la nave que ha abierto junto a la TF-1 en el barrio capitalino de Añaza. / SERGIO MÉNDEZ

VICENTE PÉREZ | Santa Cruz de Tenerife

Aurora Alcaraz y su marido, dos barceloneses del barrio de Gracia, vinieron a Tenerife hace 18 años de vacaciones una Semana Santa; y tanto les gustó que en agosto siguiente ya se habían mudado a la Isla. En Los Majuelos (La Laguna) montaron una nave mayorista de artículos de regalo que se fue a la quiebra por los impagos de sus clientes cuando empezó la crisis. Ahora estos empresarios han empezado de cero con un proyecto ilusionante: un centro de liquidación de stocks cuya plantilla la forman prácticamente solo personas con alguna limitación funcional.

“Me vi en la quiebra pero con las estanterías llenas de productos, así que los vendía en ferias de saldos o rastros; le di vueltas a la cabeza sobre cómo sobrevivir y de paso ayudar también a las personas discapacitadas, que siempre ha sido una inquietud personal”, confiesa Aurora, que al final, con poco capital pero con mucho entusiasmo ha podido abrir las puertas de su nuevo negocio. Se llama Merkastock, está situado en Añaza, con una superficie de 1.700 metros cuadrados, y vende productos en stock de una quincena de tiendas que ya no logran darles salida bien por cambio de temporada o, en algunos casos, porque se trata de comercios que han cerrado sus puertas por la crisis .

Por el momento ha contratado a cinco discapacitados, aunque, si su empresa marcha, le gustaría en una segunda fase duplicar la plantilla, aunque para ello necesita un inversor que esté dispuesto a aportar 15.000 euros, los suficientes para dar el impulso final a su proyecto empresarial. “Tenía un socio que iba a aportar este dinero, pero por problemas familiares se ha tenido que ir a la Península y me he quedado sin ese apoyo”, explica esta catalana enamorada de Tenerife y con dos hijos, nacidos ambos en la Isla.

El milagro de Merkastock ha sido posible porque ella misma y su familia, con alguna ayuda ocasional, hicieron las reformas necesarias en la nave que alquilaron: desde pintar a poner el piso y el mobiliario, gracias además a decenas de empresas que le suministraron el material a cambio de un acuerdo de hacerles publicidad en la tienda, más las 15 a las que vende los productos. Estos son de todo tipo: textiles, parafarmacia, hogar, ferretería, colchones, regalos, bolsos…, a unos precios que son inferiores a los del mercado.

“Ahora no solo tengo la responsabilidad de alimentar a mi familia”, comenta, “sino que de mí dependen otras familias, como las de mis seis empleadas (solo una no es discapacitada)”. Tiene claro que “la mayor riqueza” de su empresa es tener una plantilla de personas con limitaciones, “pues son perfectamente capaces de desempeñar sus funciones, y lamentablemente están discriminadas en el mercado laboral”. “Yo les digo que la limitación en mi empresa se la ponen ellos; y que no quiero que disimulen ni escondan su discapacidad ante los clientes”, enfatiza Aurora, mientras anda de un lado a otro poniendo a punto las mercancías.

“Me mandan muchos currículos, pero yo solo acepto los de personas discapacitadas”, apostilla esta defensora de la llamada “economía social”.