a babor - Francisco Pomares

Otra política – Francisco Pomares

Un pequeño partido llamado Escaños en Blanco, completamente desconocido y sin hacer prácticamente campaña, ha logrado convertirse en el sexto partido de Galicia, superando al partidete de diseño de Mario Conde, que se gastó una fortuna y media en las elecciones gallegas, convencido de que un único diputado que sacara podía convertirlo en fiel de la balanza de la mayoría de Feijóo y volver a sentarlo en ese sistema político del que tanto ha denodado nuestro pobrecito banquero.

Pero las tribulaciones políticas de Conde no son el asunto, sino los votos cosechados sin apenas esfuerzo por Escaños en Blanco, a los que hay que sumar también el más de cinco por ciento de votos nulos y en blanco, una cifra tan sorprendente como inhabitual, pero sobre todo los 145.000 votos perdidos por el PP y los 240.000 perdidos por el PSOE. En Galicia ha ocurrido algo parecido a lo que se produjo en Canarias en las últimas elecciones regionales: Coalición perdió miles de votos y quedó por debajo del 25 por ciento. Sólo la hecatombe del PSOE la salvó del batacazo electoral, y los pactos después de las elecciones hicieron posible (por enésima vez) una alianza de los partidos que menos votos habían logrado. La matemática electoral es una ciencia bastante exacta que funciona mejorando las mayorías absolutas del que pierde menos votos, pero eso no debiera hacernos olvidar que la crisis está pasando factura a los partidos tradicionales.

La ausencia de soluciones a esta crisis, el mimetismo en las posiciones de la derecha y los socialistas y la continuidad de un discurso único -austeridad, recortes, contención del déficit, sometimiento a las directrices de Alemania- que siguen sin grandes diferencias tanto el PP como el PSOE es lo que está colocando a los socialistas al borde de su propia extinción como partido.

Los ciudadanos no perciben que exista una estrategia socialdemócrata de hacer frente a esta crisis, y apuestan por la abstención, la radicalización electoral (asombrosa subida la del uno al 14 por ciento de la izquierda no nacionalista en Galicia) o la protesta en la calle. Si el modelo bipartidista que arranca de la Transición se sigue sosteniendo, aún a duras penas, es sólo porque las leyes electorales lo apuntalan. Pero una parte muy importante del país está reclamando otra política y también otra forma de hacerla.