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Pajareando – Por Francisco Pomares

En la mitad de una semana plagada de problemas, con los datos del paro desaforados y los gobiernos peleándose los unos contra los otras a cuenta de quien paga el pato de esta crisis, es reconfortante que el presidente Rivero encuentre el tiempo y el tono para recordarnos que el mundo sigue girando en la mediocridad y la estulticia. En su intervención en la inauguración del XIX Concurso Internacional de Canarios de Postura (un asunto de pájaros, pero no de los que algún malpensado está pensando), el presidente se descolgó con una risible reivindicación del rol de los pajaritos en el despertar de la sensibilidad social. No voy a repetir las emocionadas y emocionantes frases de Rivero porque ya colapsan las redes sociales del país y comienzan a ser pasto de cómicos y humoristas.

La imagen de Rivero en Youtube con los ojos vidriosos por la emoción -o por lo que sea-, señalando a las personas que están enamoradas de los pajaritos como las más sensibles y solidarias de nuestra sociedad, han dado la vuelta al convento. Y me temo que por desgracia esta juerga perversa a costa del presidente de Canarias no ha hecho más que empezar.

Se puede hacer el ridículo de muchas maneras, pero la peor es hacer el ridículo por exceso: los piropos de Rivero a su auditorio, convirtiendo a los aficionados a la cría de canarios en puntales de la sensibilidad y adalides de la solidaridad pública, dejaron a todo el mundo pasmado. En la grabación del acto (realizada por una empresa que sólo deja de filmar a Rivero cuando va al retrete, y que pagamos con decenas de miles de euros de nuestros impuestos), puede verse la cara de circunstancias de Ricardo Melchior ante el exceso paulino.

Y es que no se puede ir a pecho descubierto a todas partes, creyendo que uno es más listo que los demás. Hasta para decir dos palabras en un concurso de pájaros hay que tener algo pensado. Si no se tiene, es mejor quedarse callado y sonreír a hacer el panolicon con un discurso plagado de ñoñerías, lugares comunes y memeces. Canarias se merece un presidente que se trabaje un poco más los asuntos, alguien que trate a sus conciudadanos con un poco de respeto intelectual.

Da lo mismo que sean estudiantes, empresarios, sanitarios o cuidadores de pájaros. Porque el infierno está en los detalles. Y la imagen de un presidente incapaz de hilvanar cuatro frases bien construidas y con sentido no beneficia a estas Islas.