Retiro lo escrito>

Patochada> Por Alfonso González Jerez

Pedro Suárez, portavoz del PP en el Ayuntamiento de La Laguna, es un señor compuesto más de silencios que de palabras. Incluso cuando habla suele optar por articular silencios más que mensajes. Pedro Suárez cuida de sus silencios como el escarabajo pelotero cuida de su equipaje: avanzando lentamente y empujándolo de vez en cuando con la cabecita, para lograr, al mismo tiempo, que siga creciendo y que no se le escape. Pero a veces no puede callar. A veces la realidad es tan hiriente, tan grave, tan monstruosa, que callar, seguir callando, solo puede ser entendido como una cómplice villanía.

Cuando el señor Suárez se ha enterado (tarde, pero se ha enterado) de que el gobierno municipal pretende retirar el estanque de patos de la plaza de la Catedral, el silencio del portavoz del PP ha llegado a su límite y no ha tenido más remedio que declarar una verdad tan incuestionable como valerosa: “Coalición Canaria quiere sepultar la historia y la memoria de La Laguna”. El señor Suárez no está dispuesto a que el ayuntamiento lagunero perpetre esta infame amputación histórica que sumergiría a sus conciudadanos en una dolorosa, incurable perplejidad.

El espectáculo de cientos de laguneros, deambulando como sonámbulos con una bolsita de maíz en la mano y sin patos que alimentar en las interminables tardes de los domingos es demasiado terrible para no oponer una resistencia cívica que el PP sabrá encabezar. A Pedro Suárez no lo van a confundir con documentos y papelotes: él sabe bien que existían patos en la plaza de la Catedral antes incluso de que se levantara la Catedral.

¿Cómo pretenden presentarse como nacionalistas aquellos que ignoran que Beneharo se lanzó por los riscos de Anaga presa de la desesperación de no pegar ojo a causa de la insufrible algarabía de los patos? ¿La UNESCO hubiera concedido el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad a La Laguna si sus inspectores no se hubieran tropezado con una decena de patos en el centro de la ciudad?

Con todo, el más hermoso argumento de Pedro Suárez es su recuerdo emocionado a los niños que, al salir de clase, corren a alimentar a los patitos en el estanque. El que más miguitas de pan se lleva siempre es el más feo de todos. El patito feo. El que sabe nadar pero no se moja y puede pasarse meses sin abrir el pico. Pase lo que pase con el estanque, el pato feo siempre caerá sobre sus dos patitas y habrá niños y niñas que se encargarán de cubrirlo de miguitas.