cuadernos de áfrica - Rafael Muñoz Abad

Pesca ilegal – Rafael Muñoz Abad

Estas aletas de tiburón tienen que estar en Vigo lo antes posible y yo les pagaré para ello ya…”, decía una mujer junto a un chino que asentía con seriedad en el muelle de Walvis Bay. Cuando has tenido la oportunidad de trabajar cerca del sector pesquero español, entiendes un poco más a las autoridades canadienses, gibraltareñas o mauritanas. Si nos dejan, nos llevamos hasta las piedras del fondo.

La costa entre el Sahara occidental y Namibia recoge un reguero de pesqueros europeos. Una armada de chatarra flotante gobernada por patrones que en algunos casos poco distan del mejor negrero. En muchos términos, la pesca ejercida en las costas africanas supera los márgenes de la legalidad. Una sobrexplotación de los recursos que ni de artes ilegales ni de vedas entiende; donde las autoridades a menudo son cómplices de armadores desaprensivos que una vez esquilmado el caladero apenas presentan reparo en abandonar sus pesqueros en una playa.

La carencia de legislación medioambiental y la inexistencia de un marco legal permiten que empresas de la ecológicamente estricta Europa lleven a cabo auténticos desfalcos biológicos en el anonimato de las costas africanas.

Un ejemplo sangrante es el de la pesca industrial que las corporaciones holandesas con base aquí al lado han ejercido en los caladeros mauritanos; usando artes indiscriminadas que aspiran el lecho marino dejándolo cual arenal. Por no hablar de aquel, por ser generoso, cateto onubense, que me decía que aquí todo valía y las especies no comerciales se las regalaba a los macacos que tenía enrolados como marineros; o, si no, se devolvían muertas a la mar. Valiente sinvergüenza.

Por no hablar del marisco angoleño que se reetiqueta como calidade… ¿Quién es más pirata: los pescadores somalíes que ven su pan desaparecer en las redes de la gula o los atuneros? Por no seguir rajando, les diré que las aletas de tiburón fueron desembarcadas por ahí arriba, tras cruzar media Unión Europea sin problema alguno, y en Croacia acabaron.

Rafael Muñoz Abad
CENTRO DE ESTUDIOS AFRICANOS DE LA ULL
cuadernosdeafrica@gmail.com