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Un plan B – Por Jorge Bethencourt

No hay plan B. No existen alternativas. Hemos llegado al final de la calle de la amargura. Todo eso puede leerse, y no entre líneas, en la comparecencia del Gobierno de ayer ante los medios informativos. Una escenografía de circunstancias excepcionales para enmarcar, que diría Lakoff, la última, desesperada y heroica batalla. El Gobierno canario pone sus esperanzas en que las enmiendas a los presupuestos consigan más dinero para las depauperadas arcas canarias, de la misma forma que la gente pone su ilusión en que le toque la bonoloto. Ni ellos mismos se lo creen. Tal vez el PP tenga preparada alguna sorpresa -aumentar algunas subvenciones o partidas-, pero esta no es una lucha para ver quién arrima la sardina de ese escuálido éxito a sus brasas políticas.

El Gobierno de Canarias ha llegado a la última frontera. A la línea roja que afecta a los empleados públicos, a la estructura de la administración y a la prestación de servicios a los ciudadanos. Lo que les espera en el año 2013 es una larga caminata por un infierno plagado de protestas sindicales, quejas de los usuarios, indignación ciudadana, conflictos con cabildos y ayuntamientos y tajos a diestro y siniestro por la oronda geografía del suntuario aparato público. Que hayamos llegado hasta aquí sin que se haya perdido la grasa de una administración pública que permanece intacta, sin que se haya acometido una reforma profunda de sus estructuras y sin que, viéndolas venir, se aplicaran medidas de pura supervivencia, es todo un misterio. Pero pelillos a la mar. Ya estamos aquí ¿y ahora qué? Ahora lanzamos un último aviso a Madrid con foto de familia. Y con una advertencia final al problema que se produce cuando se abren conflictos territoriales. No sé hasta dónde acompañará el PSOE a Coalición en un viaje hacia la crispación. Ni la sociedad de las islas ni gran parte del socialismo canario está, como en Cataluña, por elevar la temperatura soberanista. Como diría un moderno, no estamos maduros. Es irónico porque es el único y tentador camino que tienen los partidos que soportan al Gobierno para abrir un frente sur y llamar la atención sobre el archipiélago. Pero llamar la atención sobre Canarias es un tema complicado. Ya amenazamos con ser un problema de Estado, pero el verdadero problema lo está dando Artur Mas. Madrid está ocupada en líos con Bruselas, con Cataluña, con Euskadi, con el BCE, con el FMI… Pretender ser el canijo de la clase y ganar una pelea suele ser una estupidez. Hace falta algo extraordinario. Algo heroico. Que nuestros políticos se encierren en el Parlamento. Todos. Sin distinción de colores. Unidos. Y que amenacen a Madrid, si no atienden a Canarias, con prender fuego al edificio con ellos dentro. Porque así, en cualquiera de los dos escenarios, saldremos ganando.

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