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La presa de La Viña desaparece del Plan Hidrológico

AGUA CASCADA BARRANCO DE LAS ANGUSTIAS
Parte del agua que corre por la Caldera de Taburiente va a desembocar al mar por el barranco de Las Angustias. / DA

DAVID SANZ | Los Llanos de Aridane

Con pocas obras se ha especulado tanto en la isla de La Palma como con la presa de La Viña, el embalse que estaba previsto construir para aprovechar el agua de la lluvia que corre por el barranco de Las Angustias para perderse en el océano. Una balsa que ha generado ríos de tinta tan caudalosos como los que, en años de lluvia, se pueden ver correr por la cuenca de La Caldera de Taburiente.

Después de infinidad de estudios y proyectos, la presa de La Viña se ha caído de la planificación hidrológica de la isla de La Palma.

Al menos esta infraestructura no se recoge entre las alternativas que plantea el proyecto del Plan Hidrológico insular que se encuentra en estos momentos en exposición pública.

En concreto, la “alternativa de mínimos”, que sugiere el plan, no plantea más actuaciones en materia de regulación, salvo las que ya se encuentran en marcha (balsas de Vicario y La Caldereta), con una capacidad de regulación que se situaría en los 6,31 hectómetros cúbicos (hm3). La postura intermedia plantea la construcción de las balsas de El Paso (95.000 m3) y de Aduares (200.000 m3), y la reserva de suelo de las balsas de Tamanca, Los Campitos, Tijarafe, La Sora, El Salto, Montaña Tenagua, San Isidro, La Rosa y la Caldereta de Tigalate.

Por último, la posición de máximos contempla las mismas actuaciones que la anterior, pero duplicando su capacidad, lo que supondría disponer de una capacidad de almacenamiento en alta de 6,90 hm3 para el 2015, y de 10,93 hm3 para el 2027.

Obra controvertida

Especialistas como el ingeniero Carlos Soler advertían de lo complejo de la empresa y del elevado coste de su realización para el aprovechamiento real que iba a tener. En un trabajo del descubridor de la Fuente Santa, se destaca que “los proyectos de obras hidráulicas en Las Angustias, casi en su totalidad, han concluido en lo mismo: el coste es desorbitado para la poca agua que captan, no se asegura su llenado todos los años y, según sea la solución, la obra puede ser: irrealizable, peligrosa para los bienes humanos y materiales de la desembocadura o de un impacto ambiental difícilmente asumible”.

Soler sostiene que las aguas de la escorrentía no aportan tampoco un volumen importante a la disponibilidad hídricas de La Palma, incluso llegando a captar la totalidad de la misma, lo que no justifica una inversión de 23 millones de euros.

De este modo parece que se ha dado punto y final a este debate que salía una campaña electoral sí y otra también en el repertorio político, y que fue objeto de controversia en el Cabildo, en el Parlamento y en el Senado.

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Más de 40 años intentándolo

El primer proyecto para construir una presa que evitase la pérdida del agua que corre por el barranco de Las Angustias es de “bien entrada la década de los años sesenta”, según recuerda Soler. La primera propuesta fue de Juan Amigó, que situó la presa por debajo de Dos Aguas. El segundo corrió a cargo de Fernando Prada, en 1974. Las pruebas que realizaron no dieron efecto en ninguno de los dos casos. El tercer intento llegó en el año 1984 y fue elaborado por Pypsa bajo la dirección de Santiago Brouard. Y así sucesivamente hasta que en el año 2000 se presentó el último de los proyectos, que incluía un tomadero, un desarenador, un canal de desvío y varias balsas, una en La Viña, otra aguas abajo de El Salto y Vicario.

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