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Prima de riesgo> Por Juan Manuel Bethencourt

Recuerdo un coloquio sobre turismo, organizado por la Asociación para el Progreso de la Dirección, sería allá por octubre de 2011, cuando retumbaban los cánticos de la mayoría absoluta del Partido Popular, y se sentó a mi lado un locuaz ejecutivo del ámbito de los recursos humanos. Una vez establecidas las bases de una charla cordial, aquel profesional, claramente simpatizante del PP, pronunció un vaticinio llamativo: “Ya verás que al día siguiente de ganar Mariano Rajoy la prima de riesgo de España baja doscientos puntos de golpe”.

Como no he vuelto a verle desde entonces, no puedo retomar la conversación para sugerirle, sin reproche alguno, que se equivocó al formular un pronóstico tan desmesuradamente optimista. Digo sin reproche porque es posible que el propio Gobierno del PP se haya equivocado al pensar que era mucho más sencillo lidiar con la crisis global que tiene a España en el punto de mira. A partir de ahí, de la comprensión sobre la herencia recibida y el contexto general, es preciso ser un poco más rigurosos. Ya no estamos en tiempos de seguir afirmando que la prima de riesgo de España se llama Zapatero, pues de ser aplicada tal sentencia, por boca en su día de Soraya Sáenz de Santamaría, en el presente tal sobrecoste en la financiación del Reino de España llevaría el apellido del actual presidente.

Tampoco es riguroso afirmar, como me dijo ayer Cristina Tavío en la tertulia semanal de Cope Tenerife, que los 39.000 millones de intereses de la deuda que limitan, y cómo, el margen de maniobra de los Presupuestos Generales del Estado tienen que ver con los excesos del pasado. Pues no. Tienen que ver con los errores del presente. Con los errores de una política económica que, lejos de afianzar la confianza de los inversores en la capacidad de España para devolver sus deudas, abona el camino para la recesión económica, lastra el crecimiento y genera dudas fuera de nuestras fronteras. Para invertir en esta tendencia no hacen falta referencias a un pasado ciertamente defectuoso. Hace falta una hoja de ruta realista, sin tantos bandazos, que comparta los sacrificios de la crisis y piense más en los ciudadanos que en la ideología, más en la realidad social del país y menos en unos objetivos de cumplimiento de déficit irrealizables. Y hace falta, claro, un sentido de Estado que Rajoy (tampoco Rubalcaba) ha mostrado. Eso sí que haría bajar la prima de riesgo doscientos puntos.

@JMBethencourt