Primera vez - María Montero

Primera vez – María Montero

Sucedió mientras oteaba el olor a tormenta desde el horizonte. El horizonte de sí mismo, encogido en escaso tiempo, hasta comprimirse por la intensidad de su propia experiencia. Se encontraba embarcado, rumbo a una guerra en oriente, pero su fogata ardía dentro. Horas antes, había reencontrado a la mujer de su vida. Tantos años de marine para acabar sucumbiendo ante un contoneo de caderas femeninas. Distante, desde la primera vez que se besaron, fue tomarla en sus brazos, y no poder soltarla. Él luchaba, entre su educación formal o llevarla a la cama, y recostarse a su lado, como en los viejos tiempos.

Sólo que entonces, nunca hubo primera vez para zafarse del miedo a amarse, y se veían a escondidas, retando a su tímida adolescencia. Hasta que una noche, por alguna razón, el miedo poderoso desistió, y triunfó la pasión, la respiración sexual y el tiempo detenido comenzó su tic-tac. Por fin, podían quitarse la ropa, estaban solos, y fue la primera vez que hicieron el amor. Dejaron de ser platónicos para recuperar veinte años de su vida, veinte años atrapados por destinos diferentes.

“He tardado media vida en sentir contigo una sola piel, y ahora no quiero que esta sensación acabe”, dijo él. Ella se incorporó, mientras flotaba envuelta en la energía de él, y susurró: “Mi cuerpo tiembla, como si fuera la primera vez que hago el amor…” Lo cierto es que los dos temblaban llorando abrazados. El tiempo liberado prosiguió, y desató la verdadera tormenta. Él había estado buscándola en todos los sitios, mientras que huía de sí mismo. Cuando la encontró, se confrontó con todo, con su mundo, con su pena, su dolor. Ahora que ella estaba ahí, ¿qué lugar le daría en su vida? Pero también se confrontó con ella, por sacudir su cobardía, su impasible conformismo ante la vida.

Y cuando nuevamente quiso huir, ella lo detuvo, y le entregó el espejo de su historia de amor, de lo perdido, de lo vivido y de lo pendiente. Ella vislumbró su batalla, si algún día él la reconocería, o seguiría mirándola desde su camarote…