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¿Qué puedo hacer?

Por Leocadio Martín

Es una recesión cuando tu vecino pierde el trabajo, es una depresión cuando el que lo pierdes eres tú”. Harry S. Truman.

Quizás el sentimiento más significativo cuando perdemos nuestro puesto de trabajo es la soledad. Levantarnos cada mañana para ir a trabajar ya no está y tenemos la sensación de que parte de nuestra identidad como persona también la hemos perdido. No es solo el impacto económico que sufrimos, es el impacto psicológico que viene aparejado a ello.
Hemos estado acostumbrados a percibir nuestra valía asociada a la situación laboral y lo que ella conlleva. La capacidad de contribuir al bienestar de nuestra familia además de formar parte de un grupo de trabajo y contribuir, con nuestra experiencia, a solventar problemas o a proponer ideas, forman parte esencial de nuestra identidad a lo largo de los años.

Esto nos hacía sentir sujetos valiosos, útiles para la sociedad y para los nuestros. La sensación de soledad, pérdida de identidad y síntomas depresivos puede ser abrumador para el individuo que lo sufre. No es inteligente para la sociedad permitir que estén solos o se aíslen. Son el síntoma de algo que nos afecta a todos y debe ser algo que solucionemos entre todos. El efecto devastador de esta crisis en el individuo puede ser tan brutal como el de una pandemia.

Sin embargo, en el caso del impacto psicológico, tenemos el poder colectivo de mitigar sus efectos desmoralizadores. Cada uno de nosotros deberíamos preguntarnos cómo puedo ayudar.

El apoyo de la familia es muy importante en esta situación. Debemos ser conscientes de que nuestro familiar está pasando una situación difícil. Especialmente al principio, expresar nuestro apoyo puede ser crucial para aliviar la ansiedad del desempleado.
Si somos víctimas de un proceso colectivo en el que muchos otros compañeros se encuentran en la misma situación, sentiremos una profunda sensación íntima de pérdida. Para aquellos que conservemos nuestro trabajo, consideremos lo afortunados que somos. Sabemos que podemos ser los próximos y que además es bien poco lo que podemos hacer, porque los criterios no tienen nada que ver con nuestras capacidades o nuestra valía. Esforcémonos en seguir en contacto con nuestros compañeros que han sido despedidos.

Si estamos sin trabajo durante un largo período, puede parecer que conseguir un nuevo puesto de trabajo se convierte en algo más difícil. Es una sensación subjetiva que se vive intensamente y que resulta muy difícil de desactivar. A continuación les propongo una serie de claves para afrontar este cambio no deseado e ir ganando autonomía personal en esta situación de indefensión.

1. Re-entrenamiento. Matricularse en cursos, en nuevas áreas de conocimiento, adquirir nuevas habilidades, incluso que no tengan que ver con nuestro trabajo anterior o nuestra formación previa. Abramos nuestras posibilidades.

2. Busquemos voluntariados. Es una magnífica forma de sentirnos valiosos, adquirir compromisos y tener una agenda. Contribuir a aliviar el sufrimiento de los demás nos puede ayudar a relativizar nuestra situación.

3. Seamos creativos. Pongámonos en el mercado. Mostrémonos. En la actualidad hay muchas vías, empezando por las redes sociales, generales o específicas, los portales de búsqueda de empleo o los blogs específicos. No nos limitemos.

4. Mantengamos nuestros contactos profesionales. Puede parecer obvio, pero seguir en contacto con los compañeros de trabajo, sin aislarnos nos proporciona una sensación de pertenencia, aunque resulte difícil.

5. Afrontemos los prejuicios. Sí, hay un sesgo hacia aquellas personas que llevan tiempo sin conseguir un empleo. La mejor forma de combatirlo es hablar de lo que hemos estado haciendo mientras no teníamos trabajo. Ofrecer la sensación de que hemos enfrentado esta situación de forma activa.

*PSICÓLOGO
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