a babor - Francisco Pomares

Retrocesos – Francisco Pomares

A río revuelto ganancia de pescadores, dice el refrán. El problema es cuando más que pescador empieza uno a sentirse pescado y bien pescado. Mientras nos enterramos en lo más profundo de la crisis, un túnel en el que no se ve ninguna luz al fondo, el Gobierno se entretiene adoptando medidas cada día más autoritarias, restrictivas y antidemocráticas: a la propuesta de criminalización de quienes convoquen manifestaciones que puedan degenerar en desorden, se han sumado en los últimos días propuestas de reforma del Código Penal inaceptables en una democracia.

Y ahora va el director general de la Policía y anuncia que su departamento estudia prohibir la captación, reproducción y tratamiento de imágenes, de sonidos y de datos en los que aparezcan los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado mientras estos actúan, por ejemplo, disolviendo a porrazos una manifestación.

En la práctica, lo que eso quiere decir es que la nuevamente famosa consigna de “leña y punto” podría aplicarse a rajatabla -o a rajacabezas- sin que puedan llegar nunca a demostrarse excesos o abusos. ¿Recuerdan las recientes imágenes de algunos policías apaleando a indefensos ciudadanos que esperaban el tren en la estación de Atocha de Madrid? Fueron una vergüenza, un retroceso a los tiempos más oscuros del franquismo. Un escándalo nacional e internacional que obligó al Gobierno a iniciar una investigación sobre una carga policial arbitraria y absolutamente desproporcionada.

Si se aprueba la prohibición de filmar actuaciones policiales que ahora plantea el Gobierno, esas imágenes no existirían, no dejarán de tomarse, porque es imposible impedir que millones de móviles y dispositivos dejen de filmar cualquier cosa que ocurra.

Pero no podrán reproducirse más allá de las redes sociales, porque los medios de comunicación incurrirán en delito si las difunden.

Eso no evitará los abusos, por supuesto. Solo impedirá demostrarlos. Este Gobierno -o el que venga- tendrá carta blanca para ordenar que se apalice a quien quiera, y no habrá forma de probar que ocurrió. El objetivo de la propuesta es acoquinar a los medios. Una tentación del poder que aflora con frecuencia en tiempos de crisis.

Porque la crisis ya ha provocado la pérdida de derechos económicos y sociales. El nuevo paso es hurtarnos la democracia, taparnos los ojos y la boca. En ello están.