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Sancho García> Por Luis Ortega

Bajo el título Monacus, el monasterio benedictino de San Salvador de Oña, en Burgos, acoge la decimoséptima edición de Las Edades del Hombre, una de las más grandes iniciativas culturales acometidas en España en las últimas décadas porque, en espacios emblemáticos de la comunidad, muestra las mejores obras muebles del ingente patrimonio de los antiguos reinos de Castilla y León. El enunciado indica la soledad de místicos y ascéticos -el grueso del santoral español- y la vida monástica de la Iglesia Española en la creativa soledad de místicos y ascéticos. Los protagonistas de la exposición son eremitas que, en seguimiento de Jesús, renunciaron a sus bienes, dignidades y cualquier posesión para consagrarse a la meditación, como expresión del ejemplo cristiano, camino de purificación y crecimiento espiritual. En esta vertiente, figura como guía de los anacoretas San Antonio Abad. Por su parte, San Pacomio descubrió el valor del amor fraterno y promovió comunidades consagradas al trabajo, el rezo, el ayuno y las vivencias espirituales en sus cenobios. Cierra el ciclo San Benito de Nursia, con la fijación de una Regla basada en pobreza, castidad, obediencia, humildad, silencio, unción litúrgica, trabajo manual e intelectual y la reflexión sobre las Sagradas Escrituras. Joya central de la muestra es una composición temprana de José Ribera, El Españoleto que, al modo de los retratistas del Renacimiento, buscó en los tipos y personajes históricos, representaciones del carácter. Su San Juan Bautista presenta un joven, casi impúber, de firme y decidida estampa; ya en aquel tiempo, el Precursor de Jesucristo, ataviado con una piel de camello, alimentado de miel y langostas, predicaba el advenimiento de una era de gracia, cuanto Tiberio gobernaba el Imperio y, en su nombre, Poncio Pilato, Judea, y Herodes era tetrarca de Galilea. Esta obra, propiedad del ayuntamiento de Valladolid, desprende una originalidad y frescura que no se contempla en los cuadros más famosos del valenciano presentes en los grandes museos internacionales. El lugar elegido para la muestra cumplió precisamene en este año su milenario. Fue erigido por Sancho García, sobrino de Fernán Gómez y tercer conde de Castilla entre los años 995 y 1017. Conocido como “el de los buenos fueros”, fue aliado y enemigo de Almanzor, participó en la Batalla de Calatañazor. El monasterio benedictino, uno de los mejores monumentos de Burgos, alberga en su claustro los sepulcros de los reyes, infantes y condes castellanos y navarros, incluido el del propio fundador.