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Sin cadáver… sí hay delito – Por Sergio García de la Cruz

Muchas veces nos encontramos con casos complicados y difíciles de resolver, con casos en los que no se obtienen pruebas relevantes y tenemos que volver al principio y recomenzar.

Es habitual oír en la calle el bulo de que sin cadáver o no hay delito o es imposible probar nada, pero esto en realidad no es del todo cierto. No es necesario contar con el cuerpo del delito si los indicios están demostrados por pruebas directas, dado que éstas son vinculantes.

Pero, ¿cómo se prueba que alguien mato a otra persona si posteriormente oculto el cadáver y no hay rastros de él? Pues bien, la prueba podría estar basada en testigos presenciales y la aportación de pruebas biológicas (ADN). Así ocurre en los casos de las personas secuestradas que se puede suponer que han sido objeto de un homicidio. En estos supuestos, no se puede probar que dicho homicidio se haya cometido, pero sí que la víctima ha sido privada de libertad. Para estos casos, nos es de ayuda el artículo 166 de Código Penal que dice: “el reo de detención ilegal y secuestro que no dé razón de la persona será castigado con las penas superiores…”, con este artículo se pretende forzar la confesión si se sospecha que hay un delito contra la vida.

Existen muchos casos de condenas sin cuerpos del delito. Entre ellos, los más famosos son: el secuestro de Publico Cordón, cuyo cuerpo no ha sido encontrado, aunque eso no impidió que sus autores fueran condenados; el conocido caso del Nani; o el reciente caso de Marta del Castillo. Por tanto, lógicamente, sí se puede condenar aunque no tengamos cadáver. De lo contrario, sería muy sencillo eludir la acción de la justicia. Bastaría simplemente con ocultar el cuerpo, evitando a toda costa su descubrimiento, para garantizarnos de esta forma la impunidad.

Otro detalle relevante es el de la confesión, ya que no es prueba suficiente de la existencia misma del delito. La ley impone al juez el deber de verificar la existencia del delito confesado para adquirir la convicción de que el testimonio es verdadero.

También hay que distinguir entre la prueba de la existencia del delito (cuerpo del delito) y la prueba de la autoría. Solo la primera no puede ser probada exclusivamente por la confesión. Con respecto a la autoría, por el contrario, la confesión es por sí misma suficiente, aunque precisa del valor pleno de las declaraciones del acusado, acreditada la existencia del delito o falta, siendo la confesión del acusado prueba suficiente de su autoría.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos no solo protege el derecho a la vida, sino que obliga a las autoridades a no permanecer impasibles ante la violación de este derecho. Para ello, se deben realizar todas las investigaciones necesarias que lleven al descubrimiento total y certero de lo ocurrido, determinando, en su caso, los culpables y sus consecuencias. Todo esto tiene una especial relevancia cuando no aparece el cuerpo de la víctima, y se pretende disfrazar, bajo una supuesta desaparición, un delito contra la vida. Hay que dar una explicación satisfactoria del destino del desaparecido.