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Sin paracaídas> Por Juan Carlos García

El pasado día 12 las miradas al cielo de Madrid no obtuvieron como respuesta al paracaidista que otros años descendía con la bandera española para iniciar el desfile. Tampoco surcaron el espacio aéreo madrileño, en igual número que en ocasiones precedentes, esos cazas acostumbrados a romper la barrera del sonido.

Hace veinte años, en 1992, en el marco de los actos conmemorativos del V Centenario de ese 12 de octubre, las miradas se alzaron para despedir desde la Hoya del Morcillo, en El Hierro, en una madrugada de vientos propicios, tras varios intentos fallidos, a dos españoles que realizaron la primera travesía del Atlántico de este a oeste en un globo aerostático al llegar, cosechando varios récords, a la costa venezolana 130 horas después. El pasado domingo, tras varios aplazamientos, las miradas de medio mundo se clavaron en la hazaña de un austríaco. Fue el primero en subir más alto en un globo aerostático, en saltar desde mayor altura y en alcanzar la mayor velocidad en caída libre, rompiendo la barrera del sonido, antes de desplegar el paracaídas para posarse en el suelo.

La sociedad occidental, en la que vivimos -la que se enriquece y la que se empobrece, la que odia y la que ama, la que enferma y la que sana-, se embarcó en los últimos años en una ascensión al límite, donde escasea el aire, impulsada por burbujas de gas inflamable. Lo que desconocía, a diferencia del austríaco estratosférico, era dónde estaba ese límite. La caída libre de la mayor altura conocida imprimió a esta nuestra sociedad una velocidad de vértigo. Los gritos de las protestas rompen la barrera del sonido.

Si el austríaco supersónico experimentó “segundos de descontrol”, en nuestra sociedad son años de desenfreno. “Pensé durante unos segundos que perdía el sentido”, dijo el aventurero. Nuestra sociedad hace años que lo ha extraviado. De esta forma, a diferencia del austríaco, nuestra sociedad cae en barrena sin paracaídas. Parte de ella ya se ha estrellado. A la otra parte le queda lo imposible.