El dardo - Leopoldo Fernández

Taxistas – Leopoldo Fernández

El Cabildo tinerfeño anda a la espera de que las entidades, asociaciones y cooperativas del mundo del taxi presenten alegaciones al nuevo Reglamento en preparación para este sector profesional, que recoge, entre otras cosas, las áreas sensibles en las que los taxistas podrán tomar viajeros.

Se trata de un asunto peliagudo ya que mueve muchos e importantes intereses económicos. Hasta ahora puertos y aeropuertos están vedados a taxistas que no procedan de los términos municipales en que están ubicadas estas infraestructuras viajeras.

Se trata de una norma que premia a quienes disponen de licencia del municipio que acoge barcos y aviones, sin que los profesionales de otros lugares tengan la menor posibilidad de prestar allí sus servicios como punto de partida.

En un archipiélago donde los viajes en dichos medios de transporte constituyen una necesidad y una constante, el servicio taxis debería tener, con las acotaciones y restricciones que se quiera, carácter insular para la mejor atención de las necesidades de los ciudadanos. Y debería incluir también entre las zonas sensibles a estaciones de guaguas, intercambiadores e instalaciones deportivas. Eso es lo que se suele hacer, bien que con algunos condicionantes, en buena parte de ciudades, españolas y extranjeras, aunque no siempre con el apoyo de todos los taxistas.

En el caso tinerfeño, estos profesionales sabrán lo que más les conviene en defensa de sus legítimos intereses y de la calidad del servicio público que prestan. En este sentido, no estaría de más, siguiendo el ejemplo que trata de implantar Madrid con la nueva Ordenanza Reguladora, una puesta al día de las condiciones que han de reunir quienes se dedican a este trabajo. Porque es bien cierto que la educación, la amabilidad, el aseo personal, la pulcritud en el vestir y otras notas distintivas atestiguan la imagen de un colectivo al que en la capital del Reino le exigirán a partir de ahora haber terminado los estudios de la ESO y el título de Graduado en Secundaria.

Y no sería malo que aquí, entre nosotros, se acordara algo similar, pensando sobre todo en el turismo. Desde una uniformidad acorde con nuestro clima a unas normas generales, consensuadas con el sector, sobre publicidad interior y exterior en los vehículos, límite de emisiones de éstos, tarifas fijas, servicios para discapacitados y viajeros con animales de compañía, cambios de moneda, límite de vida para los vehículos, cobro mediante tarjeta y recibo, utilización de la radio y el aire acondicionado, etc. Si todo ello funciona, seguro que dará más lustre a este importante servicio público.