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Titanic II> Por Cristina García Maffiotte

Vivimos en planos de la realidad distintos. Por un lado estamos toda una masa de ciudadanos; millones de personas que caminan con la cabeza gacha, sumidos en sus pensamientos, rumiando sus pequeñas y grandes angustias y, por otro, un reducido pero compacto grupo de personas, elegidas por todos nosotros, que viven una realidad mucho más divertida en la que tienen tiempo, y de sobra, para soltar sandeces, insultarse, echarse a pelear e inventar ingeniosos títulos que no son más que fuegos de artificio.

Dos planos de realidad diferentes. Millones de personas viendo, y viviendo, la película Titanic, sabiendo que el roce con el iceberg y el hundimiento, es inminente, y por otro, ese colectivo de políticos y asesores que están viendo la misma película que nosotros pero parecen convencidos de que, al final, el barco llegará a América y los problemas que ahora se presentan por muy oscuros que parezcan y aunque vengan envueltos en unas cifras macro y microeconómicas que no dan sensación alguna de recuperación sino más bien todo lo contrario, son pelotas que pueden ir pasándose de unos pies a otros. La culpa es de Madrid, de Alemania, de los mercados, del sistema… de todos pero de nadie. Y nosotros, en nuestra mísera realidad, preocupados por trivialidades como pagar el colegio de los niños, la hipoteca, hacer frente a la Navidad (esa Navidad que ya llegó a Mercadona en forma de turrón de Suchard), no perder el curro o encontrar trabajo, buscamos y rebuscamos en periódicos y radios un rayo de esperanza. Un dato que nos diga que estamos equivocados y que el iceberg al final, no rozará el barco. Que esa sensación que tenemos de no ver la luz al final del túnel, esa convicción de que todavía no hemos tocado suelo y que la tasa de paro no ha tocado techo, no es real.

Pero lo único que encontramos es a ministros convertidos en bomberos pirómanos, insultando, optando por la bronca y el desprecio antes que por el diálogo. Ignorando con soberbia los gritos de la calle. Buscamos y solo hallamos declaraciones de concejales, alcaldes, presidentes autonómicos, diputados y senadores que se suman con enorme alegría a una competición de lanzamiento de titulares, creando conflictos innecesarios, generando nuevas preguntas en vez de encontrar respuestas, con las encuestas electorales como única preocupación. En definitiva, gestionando miserablemente la miseria.

Tanta despreocupación, tanto tiempo perdido en broncas innecesarias, tanto empeño por evitar el acuerdo y el consenso no puede ser achacable a la mediocridad de los políticos. Debe haber algo más. Quizás ellos tienen datos que indiquen, y por eso se les ve tan relajados, que ya se está rodando Titanic II, el retorno a Inglaterra y nosotros no lo sepamos, empeñados como estamos en verlo todo negro; viviendo en el pozo del pesimismo. A lo mejor es eso. A lo mejor, no. A lo mejor es sólo que son totufos, mediocres y cretinos.