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Yolanda Auyanet y ‘La Traviata’ > Lourdes Bonnet

El Festival de Ópera de Tenerife resiste a la crisis, aunque con una única producción, si exceptuamos la propuesta “familiar” que se viene desarrollando desde hace algunos años. La obra elegida en esta ocasión fue La Traviata, de G. Verdi, obra de gran belleza y envergadura sobre todo para los difíciles tres roles principales.

La velada se presentaba interesante, sobre todo por la protagonista, papel que desempeñó con amplísima soltura la soprano grancanaria Yolanda Auyanet. Dado el gran peso que tiene su rol en el desarrollo dramático de la partitura, la elección de la soprano era fundamental, como así se comprobó. Auyanet mostró no sólo sus cualidades vocales, sino que también desplegó su amplia experiencia escénica, recayendo sobre ella todo el desarrollo, no sólo de su difícil partitura; también llevó a buen puerto la compleja y dolorosa situación dramática. Este aspecto es si cabe más importante en esta producción habida cuenta del extremado minimalismo que no apoya el devenir escénico, sino que se limita a intentar crear un ambiente neutro con algunas pinceladas (como el árbol de la vida) que apenas sustentan el entramado psicológico que tiene lugar; esta función es encomendada a los tres roles principales, aunque la auténtica responsable del éxito de la función fuera Auyanet. Si escénicamente se mostró con gran dominio y soltura, vocalmente no sería menos.
Su registro le permite abordar sin problemas la amplia partitura, y la buena proyección permitía su escucha desde cualquier punto de la sala incluso ocupando espacios no cercanos a la boca del escenario. Como compañeros de viaje, Auyanet contó con J. Tomé (Alfredo) y S. Antonucci (Germont), ambos correctos y con momentos de gran belleza, como en el dúo de Germont y Violetta, donde todo parecía girar en torno a la personal interpretación de Auyanet.

Por su parte, el director Ottavio Marino logró un conjunto sonoro de devenir ágil, que no apresurado, y extremadamente cuidadoso tanto en la expresividad como en el balance entre la OST y las voces. La precisión en ataques, articulación y sonoridad del conjunto mostraron un gran trabajo para esta versión tan personal de director y solista principal. El resto del elenco y el coro cumplieron con su cometido, pese a lo incómodo de la situación escénica en que tuvieron que intervenir.

La segunda función, a la que asistimos, no contó con tanta afluencia de público como hubiéramos deseado, pero si tenemos en cuenta que La Traviata es una de las grandes óperas del repertorio, quizás se deba al hastío del público tinerfeño ante las rompedoras tendencias escenográficas de los últimos años.