las pequeñas cosas>

Al pie de la letra> Irma Cervino

Hay frases que las oyes toda tu vida pero piensas que solo son eso, frases hechas que se dicen pero que nunca se hacen realidad como, por ejemplo, “un día de estos cojo la puerta y me largo”. Recuerdo escuchársela repetir hasta la saciedad a la madre de Victoria, una amiga del colegio, cuando se cansaba de mediar en las peleas de sus cinco hijos y de pedirles más de cien veces, y alguna más, que ordenaran sus cosas.

Como no le hacían el más mínimo caso, les amenazó unas cuantas veces con marcharse de casa pero ellos nunca creyeron que lo hiciera y ella nunca lo hizo. Su marido, y padre de las salvajes criaturas, se lo sigue agradeciendo, todavía hoy, a la virgen de Candelaria. Quien sí sacó de la simple palabrería y doto de vida esa expresión fue Baudilio, el hijo del dueño de la ferretería que trabaja como chófer de un millonario conocido en el barrio.

Por lo que me contó su padre, el chico empezó con unas ganas tremendas pero las duras condiciones de trabajo, con más de 16 horas al volante todos los días, y las estúpidas manías de su jefe acabaron con su paciencia. Al parecer -y todo esto según información de primera mano que me ha contado el barrendero- de repente, al millonario le dio por pensar que, en estos tiempos de crisis, los que tienen mucho dinero están mal vistos, así que decidió que ya no salía más a la calle caminando… por si acaso. Fue tal la obsesión que le entró de que podía pasarle algo que, hasta para ir a la farmacia que está a menos de cien metros de su casa, el hombre llamaba a Baudilio para que lo llevara en coche.

El joven se cansó de tanto viaje corto, de hacer guardia al volante durante horas y de tener que acudir a las llamadas intempestivas de su jefe. Empezó a hartarse y amenazó con “un día de estos cojo la puerta y me largo”. El ferretero aconsejó a su hijo que tuviera paciencia, que no están los tiempos para quedarse en la calle pero de nada sirvió. Hace dos días, el millonario apareció frente a la ferretería conduciendo él mismo su coche. Se bajó enfurecido y empezó a dar gritos preguntando por Baudilio que se había marchado sin decirle nada.

“Mi hijo ya se lo había advertido señor”, le respondió el ferretero con cierta vergüenza. “Eso ya lo se. Me había amenazado con largarse”, reconoció el millonario, “pero nunca pensé que se llevara la puerta del coche”. Y es que, por lo visto, Baudilio llevó tan al extremo la frase hecha, que cuando se fue, arrancó la puerta del coche y se largó.
Habrá que tener cuidado con lo que se dice.