Por qué no me callo >

Austeritarismo – Por Carmelo Rivero

Las elecciones de mañana a la Casa Blanca son las que suscitan más interés en el mundo. Desde el 11-S, EE.UU. se mundializó aún más si cabe. Que salga Obama o Romney no es baladí para un ciudadano de Canarias (leo en Cinco Días el informe de AT Kearney sobre el interés USA de que seamos su Singapur en África), ni para uno de Java o de Bali, con los que me sentía como un colega insular. Stiglitz, que es un economista neokeynesiano, acaba de desenmascarar la nueva dictadura europea /alemana, ese austeritarismo (reincido, como ven, con un nuevo asalto al léxico), que, a juicio del autor de El precio de la desigualdad, ha conseguido que “España esté peor que hace cinco años” y que “no haya luz al final del túnel”. Nos hemos emborrachado de austeridad (contra la que se alzan los sindicatos europeos el 14), hasta hacer de una práctica saludable algo patológico: el ajuste.

Nos pasamos de la raya y, claro, ya es un clamor (desde el FMI a estos economistas yanquis con el Nobel bajo el brazo: tanto Krugman como Stiglitz) que esa receta a gorrazos, que arruina a griegos, lusos y españoles, nos condena al desasosiego que decía Pessoa, aquel poeta portugués que tenía pavor a temporales como los vividos y se ponía “sombrío y débil y soturno/como un día durante el que todo el día la tormenta amenaza”. Obama se ha medido al huracán Sandy cuerpo a cuerpo con millones de votantes a oscuras y una medalla en la pechera: 29 meses creando empleo (octubre batió el récord del año). ¿España, Europa, campeones de la recesión, no se hacen preguntas? ¿Se las hace Canarias en la semana de pasión de los presupuestos? Joseph Stiglitz remata su diagnóstico: “Alemania está poniendo en peligro el futuro de España”. Necesitamos comprar un mañana y un pasado mañana. Vuelvo a Pessoa: “Sí, tal vez solo pasado mañana…/ El porvenir…/ Sí, el porvenir…”