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Banca, Telefónica, Correos – Por Fernando Fernández

Me pregunto si en España queda algo que funcione bien. Y mas aún, si alguna empresa, institución u organismo, como por ejemplo los citados, lo hacen sin tomar el pelo al ciudadano convertido en usuario obligado de unos servicios cada mas deficientes. Y peor aún, si además de lo dicho es estafado o engañado es mas ocasiones de las que la paciencia humana es capaz de soportar.

La semana pasada asistí a una interesante mesa redonda organizada en la Real Sociedad Económica, en la que participaron cuatro ponentes para hablar del futuro, visto desde la perspectiva de la empresa, con intervención de representantes del sector comercial, industrial y de la construcción. Nos ofrecieron una visión realista y con conocimiento de causa, sobre las dificultades y oportunidades que nos ofrecerá el futuro. La cuarta interviniente fue una joven profesora universitaria con años de experiencia empresarial, que hizo una exposición netamente académica sobre la necesidad de que nuestras empresas incorporen el análisis matemático, y por tanto objetivo, de todos los datos y factores capaces de intervenir en el desarrollo de la actividad empresarial, a fin de optimizar su rendimiento y, claro está, sus ganancias. No resumiré lo que dijo, pero me hizo comprender porqué en las crisis hay tantas empresas que sucumben y porqué las que sobreviven lo hacen fortalecidas. No hay que ir muy lejos para comprobarlo. Aquí en Canarias hay muchos ejemplos de las unas y, menos, de las otras. Uno de los factores decisivos del éxito de las empresas, según lo que escuché, es la satisfacción de sus clientes y esa en la razón por la que hoy menciono a la banca, a Telefónica, rebautizada Movistar, y al servicio que nos da Correos, paradigmas de maltratadores de sus sufridores clientes.

Que decir de la banca y especialmente de las cajas de ahorro que no se haya dicho, culpables protagonistas del agujero negro de la crisis en la que nos han metido, con la connivencia de aquel genio que nos gobernó y que ahora entretiene su ocio contando nubes.

El trato que dispensa Telefónica a sus clientes es escandaloso. No hablo con nadie que no tenga quejas del trato que reciben cada vez que pretenden comunicarse con alguien de Telefónica. Una amiga me dice que días atrás fue a las oficinas de defensa del consumidor y le dijeron que si su reclamación estaba relacionada con Telefónica debería ir a otro lugar. Son tantas las quejas, que han habilitado una dependencia específica para ello. Como todos mis lectores tendrán alguna experiencia negativa de Telefónica, me ahorro relatar el calvario que debo transitar cada vez que tengo que reclamar algo por el cobro indebido de una facturación o el mal funcionamiento de la línea de ADSL. El servicio que nos da el otrora eficiente Correos lo padecemos todos. El mal no es de ahora. En una entrevista en TV, don Alfonso Guerra, entonces vicepresidente del Gobierno español, frivolizó sobre algo tan grave y tuvo la desfachatez de decir que la causa del deterioro era el exceso de material publicitario que utiliza los servicios postales del estado. Ahora el mal se ha agravado. Vivo en un lugar relativamente céntrico por donde el cartero a veces solo pasa 2 o 3 días por semana. Y en meses de verano, me dicen que las vacaciones del personal es la razón por la que he estado 8 o 10 días sin recibir correspondencia. La banca, Telefónica y Correos, tres ejemplos notorios del deterioro de los servicios que recibimos. La lista es tan larga que otro día mencionaré otros igual de graves.