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Buscando la honradez de un líder – Por Juan Antonio Sánchez Campos

El Gobierno busca credibilidad donde solo existen dudas y desconfianza, basando las soluciones al problema en recortes y ajustes. No parece darse cuenta -o no le interesa- este Ejecutivo que, mientras no exista un plan de crecimiento asumible y relevante a la creación de empleo, no surgirán las posibilidades de reflote en la economía española que creen el clima ideal de sostenibilidad y repunte de un mercado laboral bajo cero. La factoría de reformas del Gobierno que no para en cambiar cuantas disposiciones y leyes obstaculizan sus operaciones, junto al acelerado ritmo con el que quiere acomodar sus necesidades, se ha convertido en un desafío a la sociedad española de ver hasta cuanto puede aguantar su sometimiento constante a un calendario que solo cabe en la cabeza de su Presidente.

La ciudadanía se encuentra perdida en un océano de inquietudes, preguntándose una y mil veces si hay alguna alternativa al desvarió del actual Gobierno; ansiando un líder que satisfaga las necesidades de un pueblo sometido a los designios del continente y sus consejeros, más que a los representantes del partido que gano las elecciones del 20N por mayoría. Las últimas noticias nos muestran que el anterior partido en el poder (PSOE) está viejo, pero no solo son las ideas socialistas las que se anuncian quedar obsoletos, son las ideologías del PP las que envejecen prematuramente a causa de su mala gestión desde el comienzo, apoyando toda su credibilidad en la fuerza de la UE que a la larga ha imposibilitado el mínimo crecimiento esperado.

Ahora, cuando muchas familias reniegan de haber participado del sector inmobiliario al realizar la compra de su vivienda mediante un crédito hipotecario, la Administración les da la espalda dañando así su bienestar económico, social y mucho más importante, la salud mental de miembros de este colectivo empeñados durante años y que a causa de la crisis laboral, no disponen de medios para afrontar su deuda. Un daño que ha ocasionado el fraccionamiento de un sistema de igualdad prestigioso y ha generado un pronóstico alarmante con cuadros de ansiedad y depresión considerables; un padecimiento que llega a causar un gasto notable a los servicios de salud. La situación degenerativa de las familias a la que la crisis como principal acicate ha golpeado los lleva a la separación de la unidad familiar en muchos casos -ella con su madre y él con la suya- al ser objeto de desalojo por las entidades acreedoras de hipotecas- o acogerse a la posibilidad no legal de arrendar sus viviendas hipotecadas para pagar las mensualidades; una situación que lleva al divorcio de las parejas, a la destrucción familiar por añadidura, en la que los menores -los más débiles- son los máximos perjudicados. Problemas de solución urgente que el Gobierno de España tiene relegados a segundo término, esperando más el poder de unas elecciones que la situación de suma gravedad de la sociedad en su conjunto.

España busca un líder de confianza, alguien que asuma el papel del compromiso con la sociedad española, lo suficientemente creíble y honesto, como para despertar la atención de los mercados, atraer a unos inversores expectantes de la situación deplorable de un país que se ve abocado a la miseria y las desigualdades sociales. Los españoles no creen en ningún caso licito, el hablar del cambio en el sistema de recetas bajo el pago de un impuesto, ni el de acercarse cada vez más a la privatización del sector sanitario; la enfermedad que sufre el pueblo no se cura con el medicamentazo a un euro, ni con la subida de tasas para hacer lo mismo con la educación. El antibiótico necesario para hacer frente a semejante enfermedad -ya crónica en ocasiones- no puede esperar a 2015 como su presidente avanza en algunas declaraciones, con una infección laboral superior al 28% -en el mejor de los casos- la estructura de la sociedad se verá indefensa y la esperanza de supervivencia caerá en picado. Un lastre que constará décadas reconducir y al que las familias no pueden esperar por lo que ello supone -la marginación, desigualdades por la privatización de servicios, capitales descompensados, daños familiares y humanos-.

¿Por qué no empezar por políticas de carácter resolutivo urgente? Como las rentas bajas antes de efectuar el desahucio que deje en la calle a las familias morosas por la crisis, que no solo la dación en pago sea suficiente para finiquitar la deuda sino que puedan acceder a un pago acorde con sus posibilidades; dar la liquidez a los bancos que ahora no disponen con está medida y que les repercuta a las partes en beneficio mutuo. Es incrédulo pensar que hay bancos malos y buenos -por mucho que los cambien de nombre (Sareb)- bueno no ha habido ninguno y demasiado claro lo tiene la sociedad española desde hace tiempo. Ellos son los segundos causantes de la epidemia económica que ha contagiado Europa, con un balanceo constante en sus balances, tras una clase política que han terminado por truncar el sistema económico, social y humano de un continente viejo como sus ideales, pero grande pese a sus desmanes.