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Caballero de fina estampa – Alfonso González Jerez

Soy un caballero, no hay nada que temer, uso colonia Tabú. Nadie me podrá ver sin un terno perfecto, siempre negro, gris o azul oscuro, la corbata en una irreprochable posición vertical, los puños de la camisa impecables, el cuello perfecto, ni una sola arruga desluciendo el pecho. Ser es ser percibido, estimados amigos, y ustedes solo pueden ver lo que hay: un auténtico caballero que jamás desciende a la zafiedad vociferante, a cualquier gesto brusco, ni siquiera a la impaciencia. Fíjense en la apostura y elegancia del timbre de mi voz: sobriamente masculina, equidistante entre el bajo y el tenor, nunca quebrada por el balbuceo, porque el balbuceo es otra expresión de lamentable inelegancia. Admito que suelo entrecerrar los ojos en ocasiones, pero simplemente es el fruto de un esfuerzo de concentración, sobre todo, al escuchar a los demás, porque un liberal, y yo soy un liberal, siempre está dispuesto a escuchar las razones de los otros. En ocasiones, incluso, lo hago gratis.

Sí, sé lo que se comenta: que la Fiscalía Anticorrupción solicita para mí pena de prisión y prohibición para ocupar cargo público durante varios años. No perderé mi augusta dignidad ni intentaré la obscenidad de defenderme de unos cargos -si un día se convierten en cargos- que cualquiera que me conozca, incluso por fotografía, ignoraría con una sonrisa de desdén. Esa acusación -igual que los insultos que pretenden salpicarme desde el océano de los resentidos y oportunistas- hunde sus raíces en una convicción ideológica anacrónica y típicamente izquierdista. La política no está desconectada del resto de las actividades humanas. Diré más aun: un político, un representante popular, debe conocer esas otras regiones del espíritu: tierra, mar, aire, ayuntamientos. ¿Cómo no comprender, a estas alturas del milenio, que el negocio de hacer política está indisolublemente unido a la política de hacer negocios? Los dirigentes de mi partido lo entienden perfectamente y por eso solo me han dado los buenos días y no me tocarán un pelo, porque hay pelos muy habladores. Yo, como soy como soy, un liberal y un de hombre de acrisolada lealtad al partido, les he dicho todo lo que tenía que decir: soy un caballero, no hay nada que temer, uso colonia Tabú.