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La cabrona interior

Por Rebeca Díaz-Bernardo

Hace ya cinco años me vine de un viaje con un libro simpatiquísimo en mi equipaje de mano. Lo encontré en una librería del aeropuerto del que salí, su título y portada me atrajeron como un imán y cuando lo hojeé y vi de qué iba en realidad, no pude resistirme y me lo compré y lo devoré durante las primeras horas del vuelo de regreso a casa y después he ido haciéndome con todos los demás de la misma línea y escritora. Este primero que cayó en mis manos es el Manual de la perfecta cabrona y su autora Elizabeth Hilts es toda una gurú para las mujeres que se han hartado de ser pisoteadas y dejadas de lado y deciden por fin dejar aflorar a la cabrona que llevan dentro.

Y a mí es que encima me encanta la palabra en sí, porque hoy en día ser cabrona no es lo mismo de antes; porque hasta hace unos años si decían de ti que eras una cabrona, tu madre se echaría a llorar solo de pensarlo y tus amistades comenzarían a dejar de llamar, pero es que ya no. Ser cabrona no se trata de pisotear a nadie o pasar por encima de los demás o eso de hacerles a los hombres por venir lo mismo que te han hecho los hombres que ya se fueron, porque te han dejado. No. De entrada ser cabrona parte de la premisa de aprender a decir esta sencilla frase: “yo creo que no”, y a partir de ahí el mundo cambiará para siempre y para todo. Porque diciendo esta bonita, sencilla, corta y precisa frase, con una sonrisa en la cara a ser posible y si las circunstancias no lo impiden del todo, estarás negándote a lo que te pretendan imponer, pedir, o solicitar sin tu aprobación o tu definitiva gana a darle el gusto a quien te pide o solicita o lo que sea. Y si aún no has aprendido a decir llanamente “no”, que es bastante difícil he de decir, la variante sonriente del “yo creo que no” para empezar ya te está haciendo saberte y de paso quedar como cabeza pensante de tu propio destino, y por otro lado deja ahí abierta la posibilidad a que más adelante puedas cambiar de opinión y decir “pues ahora creo que sí”, porque tú mandas en tu vida.

Pero la parte que más me gusta acerca de la cabrona interior es, sin duda, la referente a las relaciones de pareja, máxime si hablamos de relaciones heterosexuales entre chicas buenas y chicos no tan buenos; porque la chica buena es la mujer que compensa de más, que le da todo a un hombre que apenas conoce, sin que él tenga que invertir mucho en la relación. Es la mujer que se entrega ciegamente porque desea con demasiado ahínco ser correspondida. Es la mujer que va por delante y hace lo que cree que a su hombre le gustaría o querría porque quiere mantener la relación a cualquier costo. Y todas hemos hecho esto en algún momento. Y la cabrona es que se sale, porque la cabrona es esa mujer que sigue siendo la misma persona durante una relación con un hombre, no pierde a sus amistades, no deja su carrera ni sus pasatiempos. La cabrona no se olvida de tener tiempo para sí misma ni cede en todo, y, al contrario que la chica buena, no tolera demasiado las faltas de respeto porque a la mínima que vea un movimiento que no le gusta o no le convenza, tendrá preparada su frase y dirá “yo creo que no” a cualquier intento de infravalorar su presencia o sus deseos más básicos de pareja.

La cabrona, por descontado, mantiene un poco la intriga y tiene un respeto enorme por sí misma porque está convencida de que su propio valor es el que gobierna sus decisiones e irónicamente, como no tiene miedo a perder a un hombre, él empieza a temer perderla. Y como ella no está necesitada, él comienza a necesitarla, y como ella no depende de él, él empieza a depender de ella. Es como un imán invertido porque de siempre hemos sabido que la persona que es la menos dependiente en una relación automáticamente atrae a la otra persona.

En definitiva, la cabrona interior es esa amazona que todas las mujeres llevamos dentro y que en la gran mayoría de las veces solo aflora cuando el peligro es totalmente inminente, porque es la que nos defiende cuando nos dejan o nos ponen los cuernos, la que nos levanta la barbilla y nos pinta la raya en el párpado cuando tenemos el corazón destrozado y no hay más remedio que dar la cara al mundo y la que nos susurra a medianoche eso de vamos reina, que tú puedes con eso y con lo que te echen.

Ahora ya sabes “por qué los hombres se casan con las cabronas” y puedes también aprender a ser “la perfecta cabrona en la cama”, “en la oficina” y mucho más… ¿Te lo vas a perder?… Yo creo que no.