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Y calla Dios – Luis Aguilera

No recuerdo bien si fue Walter Benjamin el que se preguntó dónde estaba Dios mientras exterminaban al pueblo judío. Tengo un relato en el que un profesor, estudioso de la Inquisición, topó con un texto de las Lamentaciones de Jeremías y dedujo que Dios había sido derrotado por Luzbel, quien lo arrojó de su reino y lo condenó a vivir entre los hombres, es decir, en el infierno.

Personalmente he dejado el problema de la existencia o no de Dios para después de muerto, pero la sangrienta, despiadada y perversa historia de la humanidad tiende a negarlo. O al menos a volver cierta la hipótesis de mi personaje: ha ganado el Mal.

Por mucho que se disculpe a Dios con eso del libre albedrío, al crearnos (sus atributos son infinitos) tendría necesariamente que saber lo que estaba haciendo. Que le estaba dando vida a las peores y más sofisticadas formas de causar sufrimiento y a las que no puso límite ni siquiera compasión. La violencia de Colombia, por ejemplo, incorpora siempre el ultraje sexual extremo; la tribal de África, violación y cantidad; la aséptica de Estados Unidos “justas” razones como la guerra humanitaria.

Hoy (el Señor descansa) podría demostrar que reina el Mal con los suicidios inducidos por Rajoy y sus bancos y por los que deberían ser juzgados como los asesinos que son.

Pero me referiré a Israel, que prepara la Solución Final. No para otra cosa llama a 72.000 combatientes como si no le bastara con ser el país comparativamente con mayor capacidad de destrucción y muerte. Sus cómplices, como Obama, lo disculpan con la tesis de que tiene derecho a defenderse. ¿Defenderse sin proporción alguna de cuatro bengalas sin destino? Los palestinos son los agredidos, los despojados de su patria, de sus casas, de su libertad y de su vida. No Israel.

Gaza no tiene ejército. Gaza es un campo de concentración amurallado. No tiene potestad sobre agua ni alimentos ni medicinas. Israel lo bombardea pero antes lo deja sin material de auxilio ni quirúrgico. La ONU calla. El mundo calla. Y calla Dios. La historia se repite, los verdugos se parecen.