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Ceremonias – Alfonso González Jerez

Qué tienen los reyes que no tenga todo el mundo salvo ceremonia, una permanente ceremonia?”, preguntaba el Enrique V shakespeariano, entre la ironía y la resignación. El ya exalcalde del Ayuntamiento de Arona José Alberto González Reverón agotó ayer su último tránsito ceremonial al presentar su dimisión. En realidad la única ceremonia que representaba González Reverón, desde que el pasado junio un juzgado lo encontrara culpable de un delito continuado de prevaricación y condenado a inhabilitación para cargo público, es el de víctima de una conspiración universal en la que, de hacerle caso, participaban torvos empresarios locales, diabólicos socialistas, funcionarios desleales, periodistas malignos, la CIA, el KGB, el Mossad, mujeres que lo consideraban muy guapo, mujeres que lo consideraban muy feo, chismosos, amargados, resentidos, falsarios, desocupados, aburridos y trastornados por el cambio climático. Él solo tenía a su lado a los hijos e hijas del pueblo que le había otorgado hace dos años y medio una nueva mayoría absoluta en un municipio que registró una de las abstenciones electorales más altas de España.

Estos cinco meses han representado un carrusel patético de despropósitos, jeremiadas y declaraciones bochornosas. Es sintomático de una carencia brutal (y brutalizadota) de cultura democrática y responsabilidad institucional que el alcalde y sus corifeos hayan invocado incansablemente que las sentencias judiciales y los pronunciamientos de la Junta Electoral Central eran inapropiadas, erróneas o no se ajustaban a derecho. Pasmoso: el sentenciado por la autoridad judicial pretendía usurpar la legitimidad de la autoridad judicial misma y convertirse en intérprete de los comportamientos que se le imputaban. Lo mismo ocurre con el recurso vocinglero a la mayoría absoluta, como si los votos dirimieran cuestiones judiciales. Ciertamente miles de aroneros apoyaron, y sin duda apoyan, a González Reverón: uno de los más perniciosos efectos de una praxis política basada en un feroz clientelismo y en la transformación de la figura del alcalde en la de un paternal, comprensivo y atento conseguidor. Ya escribía Bourdieu que los dominados aplican a las relaciones de dominación categorías construidas desde el punto de vista de los dominadores y así terminan asumiendo como normales dichas relaciones. González Reverón comienza ahora un largo camino por los pasillos de los juzgados. En dirección contraria debería marchar la reconstrucción de la política municipal en Arona.