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Cho Vito pide que se cumpla la oferta de reconstruir las casas detrás del poblado

Vecinos de Cho Vito, junto a una de las casas pendientes de derribo
Vecinos de Cho Vito, en la mañana de este miércoles, junto a una de las casas pendientes de derribo. / V.P.

VICENTE PÉREZ | Candelaria

Mientras el país vivía ayer una huelga general, seis vecinos de Cho Vito pasaron su segundo día en huelga de hambre, a la espera de una respuesta a las reivindicaciones planteadas por las 9 familias que están pendientes del derribo de sus viviendas por parte del Servicio Provincial de Costas para terminar la construcción del nuevo paseo marítimo.

La medida de protesta ya está haciendo mella en estos vecinos, hasta el punto de que anoche su portavoz, Tomás González, sufrió un desvanecimiento y debieron acudir al lugar dos ambulancias del Servicio Canario de Salud, con personal sanitario, acompañados de la Policía Local, que comprobaron el estado de los seis afectados, sin que ninguno precisara de ser evacuado a un centro sanitario.

El alcalde de Candelaria, Gumersindo García, pidió ayer vía email a los vecinos una aclaración a sus peticiones, pues el miércoles rechazaron la propuesta de dos años de alquiler hasta un máximo de 12.000 euros y el acceso preferente a una vivienda de protección oficial en régimen de alquiler, siempre que cumplan los requisitos económicos, que es la oferta consensuada entre gobiernos estatal y canario, Ayuntamiento y Cabildo.

Y la respuesta de Cho Vito, vía email, fue que solo depondrán su protesta y desalojarán el poblado si se les plasma por escrito el compromiso de adjudicarles una nueva casa en propiedad y pagarles el alquiler de modo indefinido hasta tener la definitiva. Plantean también como solución más idónea la reubicación de sus viviendas en la polémica parcela urbanizable que está detrás del poblado, donde un promotor prevé construir un edificio residencial, pues, recuerdan, ha sido el propio alcalde el que ha puesto sobre la mesa aumentar la edificabilidad de este solar para incluir las nuevas casas de Cho Vito, siempre que fuera el Gobierno canario el que busque las vías de financiación para ello.

Los portavoces vecinales, Tomas González y Antonio Alonso, aseguraron que este es el único acuerdo justo tras conseguir pruebas de que el nuevo deslinde público aprobado en 2001, que afectó de lleno a sus casas, debió coincidir con el 1969, que dejaba el poblado fuera de la franja pública, tal como certificó en el año 2000 el entonces ingeniero jefe de la Demarcación de Costas, Manuel Barrios, documento del que lograron copia por primera vez el pasado julio. Disponen también desde esa fecha de copia oficial, cotejada con el original, de las fichas de los mojones en las que se ve que el deslinde queda por delante de sus casas o tocando las fachadas. Toda esta documentación, y la interpretación que le dan los vecinos, no ha sido de momento desmentida a este periódico por la Delegación del Gobierno, pese a que en dos ocasiones este periódico ha requerido la versión de Costas al respecto.

Aunque hay sentencia firme sobre el deslinde de 2001, Cho Vito se plantea presentar un recurso de revisión ante el Supremo si Costas, a la vista de esta reclamación, rehúsa revisar el deslinde.

Así las cosas, los moradores del poblado, ayer con menos medios de comunicación que el día anterior en la zona, sí tuvieron la compañía de decenas de amigos, familiares, y ciudadanos que se acercaron a darles su apoyo. En torno a las 20.00 horas, y bajo la única luz de un foco en una de las casas pendientes de demoler, había unas 50 personas, y se encontraban en huelga de hambre, además de Tomás González, su hijo de igual nombre, Antonio Alonso, Antonio Luis, Elba Hernández y Raimundo Cabrera.

Dos de los vecinos que se encuentrasn en huelga de hambre. / V.P.

“Nos mata esta incertidumbre, porque hoy nos hemos cruzado dos correos electrónicos con el alcalde, pero hay un secretismo y un silencio absoluto de las Administraciones que esperamos acabe pronto”, manifestó González, en cuyo rostro, al igual que el resto de vecinos en huelga de hambre, empieza a notarse ya la fatiga y la inanición.

A primera y última hora del día acudieron al lugar los concejales del PP José Fernando Gómez y Carina Dainotto, quienes, al igual que en el pasado miércoles, volvieron a defender que se cumpla el compromiso contraído por la Delegación del Gobierno para que no haya derribos sin antes el realojo de todas las familias, sin perjuicio de que los vecinos tengan una respuesta a la reclamación que han presentado sobre los documentos que han sembrado la duda sobre el trazado del deslinde.

Entre tanto, cinco vecinos siguen en huelga de hambre, a la espera de las gestiones que Gumersindo García está realizando con los gobiernos central y canario y el Cabildo para el realojo de las nueve familias que continúan en el poblado costero.

JOSE ANTONIO LUIS VECINO CHO VITO
José Antonio Luis, vecino de Cho Vito. | DA

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“Hipotecados”

La historia reciente de Cho Vito tiene muchos flecos. Uno de ellos es el caso de José Antonio Luis jubilado de 65 años, a quien ya tiraron su vivienda, pero que también ayudó a su hijo a comprar una de las casas del poblado en 2004, para lo cual pidieron un préstamo hipotecario de 72.000 euros, que aún están pagando. En todos los trámites de la compraventa nadie les dijo nada de que estuviera afectada por el dominio público. “Ni el Ayuntamiento, que incluso colgó el anuncio un mes por si alguien tenía algo que alegar; ni el Gobierno canario, que le dio a mi hijo una subvención de 9.000 euros; ni el Registro de la Propiedad, ni Hacienda”, afirma, aún presa de la indignación. Este antiguo pescador profesional expone que “al año y pico de comprar la casa, en 2006, el alcalde nos dice que las casas estaban afectadas por el dominio público y que o se salvaban como lugar pintoresco o nos las iban a tirar”. José Antonio es uno de los seis vecinos en huelga de hambre, y ya van tres con esta. “Soy fuerte y no he tenido consecuencias graves en la salud; los dos primeros días los aguantas bien, el tercero ya se nota, y después ya ni te das cuenta; pero hay otros que ya vienen muy tocados, y aquí puede pasar una desgracia”, advierte, mientras contempla los restos de lo que fue su casa, y la de su hijo, aún en pie, pero “en el corredor de la muerte”.

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