EL DARDO > Leopoldo Fernández

Clamor social – Leopoldo Fernández

El anuncio de la desaparición, a finales de año, del Servicio de Cardiología Pediátrica del Hospital Materno Infantil de Gran Canaria ha sembrado la alarma entre un amplio sector médico de las Islas y en parte de la ciudadanía. Se trata del único centro de referencia existente en el Archipiélago desde 2001, creado para atender las cardiopatías congénitas, una dolencia infantil que sólo puede corregirse mediante cirugía en los primeros días de vida.

Inicialmente se dieron razones económicas -coste del servicio- para justificar tal cierre, pero luego se ha aclarado que en realidad se trata de ofrecer “una mejor calidad en la prestación”, lo que lleva consigo la conveniencia de efectuar un mínimo de operaciones al año que hoy no se alcanzan. El precio a pagar será el inevitable traslado de los niños enfermos -y de las madres que vayan a dar a luz a bebés con esa patología detectada en los controles prenatales- hasta alguno de los 17 centros de referencia peninsulares, con los consiguientes gastos, desarraigos, molestias y, sobre todo, riesgos sanitarios del viaje, aunque éste se realice en avión medicalizado.

Seguramente salga más cara esta solución, al margen de la discutible “mejor calidad” que rechazan, con estadísticas en la mano, los médicos canarios del Materno Infantil, ya que, además de las intervenciones de máxima urgencia o imprevistas realizadas por ellos mismos, quienes operan a los pequeños -lo hacen una semana al mes, según convenio- son especialistas italianos de la Fundación San Donato de Milán, dueña de uno de los mejores centros del mundo en su especialidad. Según los criterios de las autoridades sanitarias canarias, habría que cerrar más de la mitad de los centros de referencia europeos, con la diferencia de que aquí también se puede atender a niños de Senegal, Cabo Verde y otros países africanos.

Los doctores del servicio del Materno y los directivos de la Asociación Canaria de Cardiopatías Congénitas y la Sociedad Española de Cardiología Infantil creen que la medida impuesta por la Consejería de Sanidad es “precipitada”, “injusta”, “imprudente” y “temeraria”. No hay dolor más cruel que el que produce en los niños -e indirectamente en sus familias- la perversidad de una decisión política equivocada. Al tratarse de un servicio público esencial para la comunidad, nacido además por razones de lejanía y aislamiento, el Gobierno de Canarias debería rectificar cuanto antes. Con la sola vida de un niño que se salve, se justifica la continuidad del servicio, contra la que no caben argumentos ni apelaciones porque la necesidad social se sobrepone a cualquier otra consideración.