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¿Cómo empiezo?

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LEOCADIO MARTÍN | Santa Cruz

Comenzar un nuevo proyecto es duro. Incluso puede resultar aterrador. Igual no sabes cómo arrancar, o tienes miedo a fracasar. Pero lo cierto es que la única forma de saberlo es ponerse a ello. Podríamos estar filosofando unas páginas sobre el origen de la motivación para enfrentar un nuevo proyecto, pero la propuesta de hoy no va de eso.

Todos tenemos planes sin finalizar, incluso antes de empezarlos, y la falta de motivación es una de las mayores razones para que no lo hagamos. Puede ser ese blog que querías escribir, el nuevo trabajo que querías proponer o la carrera que querías correr. La motivación para empezar no aparece y nos quedamos en el sofá esperándola mientras perdemos el tiempo viendo la tele.

Pensamos “¡no sé cómo hacerlo!” en primer lugar para luego ser conscientes de que tenemos que hacerlo y nadie lo hará por nosotros. Es entonces cuando tomamos la determinación, nos ponemos a ello y terminamos diciendo “¡no fue tan complicado!”.

Si es así, ¿por qué cuando volvemos a enfrentarnos a un nuevo proyecto no recordamos cómo sacamos adelante el anterior? Se nos viene encima el tiempo y no tenemos un plan. ¿A que esperamos? Si a ese plan le añadimos una actitud adecuada, tendrá muchas más posibilidades de tener éxito. De hecho, espabilarnos y ponernos a ello es más fácil de lo que parece y puede llevarse a cabo siguiendo unos sencillos pasos.

Define tu objetivo. No tienes que hacer nada. Solo siéntate y piensa en lo que quieres hacer.

Investiga. Cuanta más información tengas, más sencilla te será la tarea que te propongas. Los pasos a seguir, las alternativas posibles, pueden ser recogidas en esas pesquisas previas.

Márcate fechas y se fiel a ellas. No es complicado, solo elige las fechas según la complejidad de lo que te propongas y cumple con tu compromiso. A veces no es sencillo, pero funciona como un verdadero sistema de recompensa cuando vas dejándolas atrás.
Dedícale tiempo. Al menos 15 minutos al día. No es difícil ¿a que no?

Empieza. Es lo que toca ahora. Ponte a ello. Si lo empiezas a disfrutar, podrás con ello.

El proceso inicial es así de sencillo. Pero si necesitas un pequeño empujoncito para animarte a ello, ¡lee a continuación!
No es coincidencia que la motivación para pensar y la motivación para actuar nos lleguen en diferentes momentos. El trabajo de los psicólogos Arie Kruglanski y Tory Higgins sugieren que tenemos dos sistemas motivacionales complementarios: el sistema de “pensamiento” y el de “acción” -y solo somos capaces de manejar uno a la vez.

Aquí es donde tenemos que sentarnos y escribir. Les propongo que establezcan un contrato con ustedes mismos. En él reflejarán qué es lo que quieren hacer y cómo lo van a llevar a cabo. Puede sonar a algo excesivo, lo sé. Pero, créanlo, funciona. Proporciona una energía muy necesaria cuando estamos remoloneando sin saber muy bien como hincarle el diente a ese proyecto que tenemos.

El objetivo de este documento no es otro que ese. Darle seriedad a la tarea que queremos acometer. En este contrato no utilizaremos frases como “a ver si ….” o “voy a intentar que…” La redacción tiene que incluir acción y escribiremos frases como “en la primera semana habré conseguido …”. Evitemos utilizar los condicionales para redactar en presente y futuro.

Este contrato personal debe centrarse en nuestros objetivos, aquellos que componen las etapas para la consecución de nuestro proyecto. Es un documento justificativo de por qué queremos hacer algo. ¡Y de cómo nos proponemos hacerlo! Una vez firmemos el primer contrato, el resto nos será mucho más sencillo.

LEOCADIO MARTÍN es PSICÓLOGO

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