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Complejos> Por José David Santos

De ombligos y ombliguismo sabe mucho nuestra querida tierra canaria. Las Islas debe ser uno de los lugares del planeta donde se baten más récords y se es el mejor del mundo en esto o aquello. Ahora, al parecer, vamos a apostar por decirle al universo que tenemos el mejor clima de la Tierra como apuesta para atraer turismo. De hecho, se quiere, como me apunta mi compañero Tinerfe Fumero, demostrar científicamente (¿?) que ese futuro eslogan se ajusta a la realidad. No dudo, puesto que no soy muy ducho en el arte del artificio publicitario, que la propuesta esté razonada y que tenga su efecto positivo, pero se trataría de la enésima afirmación de que somos lo más de lo más. Desde fuera, desde el exterior, Canarias es un paraíso, sí. Clima, sol, playa, gente amable (que no vayan a la cola del banco)…

Pueblo alegre, abierto y con un estilo de vida envidiable. De hecho, es cierto que muchos de los que nos visitan destacan valores que los canarios despreciamos o, simplemente, no consideramos que sean un privilegio. Todo eso es así y gracias a ello, en parte, soportamos unos niveles elevadísimos de paro (incluso sin tener en cuenta la enorme economía sumergida) sin tirarnos a la yugular del vecino. Sin embargo, cuando se escarba un poco, bajo ese orgullo que nos lleva a gritar que Canarias es el mejor lugar del mundo para casi todo, se esconde un enorme complejo de inferioridad, un tremendo hastío, una falta de motivación y escasa ambición.

Porque, también desde fuera, nos consideran derrotistas, cualquier problema nos lleva a un conflicto y Canarias empieza a teñirse con la niebla de que todo funciona mal, de que estamos fracturados socialmente, de que el futuro siempre es gris bajo un cielo azul. Entre el extremo de sacar pecho hacia el exterior por un sinfín de tonterías y las antípodas del derrotismo de nuestro yo interno, los canarios deberíamos empezar, sin más contradicciones, a ser más modestos y menos pesimistas.

@DavidSantos74